Aprendiz de feminista

Para G.

Al igual que Hermione Granger y Harry Potter acudieron a la escuela de Hogwarts para aprender magia, los hombres que quieran ser aliados del feminismo necesitan ponerse a trabajar y cuestionarse sus creencias, sus privilegios y abrir su mente a alternativas más justas e igualitarias tanto para mujeres como para hombres.

Conocí a G. en una excursión en un Parque Natural cercano al lugar en el que vivimos. Él estaba sentado leyendo apoyado en una gran piedra al borde del camino. Yo regresaba de camino al aparcamiento y quería saber si tomaba una bifurcación también me llevaría a mi destino. Así que me dirigí hacia el que luego conocería como G. Le hice la pregunta pertinente y al cerrar el libro para responderme, cual fue mi sorpresa que estaba leyendo Mujeres que ya no sufren por amor de Coral Herrera. Se lo había recomendado un amigo. Y me cayó simpático porque se definió como un aprendiz de feminista. Me gustó esa idea de hombres recomendando libros a otros hombres escritos por mujeres. Debería ser algo normal, no debería sorprendernos, pero a estas alturas de siglo XXI parece ser algo no fácil de encontrar, como un tiranosaurus rex.

Así que a pesar de ser tímida, respiré profundamente y me decidí a dar conversación a G. e indagar más sobre su proceso. Me senté junto a él y empezamos a charlar sobre feminismo, con una conversación de esas que fluye, en la que el tiempo pasa y los temas de los que tratar no se acaban. Llevaba mi libreta de notas encima pero no me atrevía a sacarla y apuntar cosas descaradamente para este artículo así que decidí recurrir a mi buena memoria. Cuando empezó a anochecer, aún sin haber terminado de intercambiar opiniones y pareceres, con algún otro que momento de tensión (pero de buen rollo siempre) y esperando que a él se le removieran cosas por dentro, nos levantamos y nos dirigimos al aparcamiento donde teníamos aparcados nuestros coches. Ya iba yo configurando en mi cabeza el decálogo que cualquier aprendiz de feminista necesitaría incorporar en su material de aprendizaje porque, oye, que nadie dijo que ser feminista fuera fácil como no lo es ser Harry Potter.

DECÁLOGO DEL APRENDIZ DE FEMINISTA

  1. El feminismo tiene una definición consensuada. No te inventes las que te interesen a tus circunstancias.
  2. La revolución y los cambios necesariamente van a incomodar a los privilegiados, como cualquier revolución. Asúmelo.
  3. El patriarcado y el machismo son algo estructural. No es necesario que siempre te des por aludido y personalices. Si tú no tienes determinados comportamientos y actitudes no significa que a nivel estructural no estén existiendo y siendo normalizadas.
  4. Escucha a las mujeres, abre tu mente, muestra empatía y reconoce sus experiencias y
  5. Lee libros. No esperes que ellas te lo den todo hecho y masticado.
  6. Hay mujeres expertas en muchos temas. Puede que de algunos sepan más que tú. No pasa nada. No hagas mansplaining.
  7. Sé un aliado. Apoya y no ocupes el espacio que no te corresponda. Permite que las mujeres dirijan la revolución que les corresponde.
  8. Comparte tus inquietudes con otros hombres. No fomentes ni te rías de bromas machistas y que generan violencia hacia las mujeres.
  9. Cuestiona tus creencias y la educación recibida. Otra mirada es posible.
  10. Pérmitete seguir un camino que te hará ver y vivir la vida de otra manera. El feminismo te hará mejor persona y tendrás relaciones más sanas y colaborarás en crear un mundo más justo.

Mientras repetía para mis adentros todas estas ideas que quería plasmar en el blog, G. me dio su teléfono y un abrazo muy sentido. Nos despedimos.

De esa tarde me llevé inspiración para mi escritura y reflexiones para mi vida. Espero que algún día de estos G. y yo podamos seguir teniendo conversaciones camaleónicas como las de aquel día, de esas que te cambian y transforman, de esas que en mi opinión, son conversaciones de las buenas.

Recomendaciones lectoras para aprendices de feministas:

Algunos artículos:

-A la caza del aliado o la muerte de la nueva masculinidad

-Cómo afecta el feminismo a la sexualidad masculina

-Ya no nos engañan más. Técnicas masculinas para hacer sufrir a las mujeres

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Será el fin del mundo pero no de los afectos

Para J.

Cuando tenía 12 años creía que llegaría el fin del mundo con una invasión extraterrestre. No sé si se trataba de algo descabellado o dada la situación en la que estamos inmersas ahora mismo mi cabecita podría no haber ido muy desencaminada. Para llevar mejor ese miedo que me producía ser abducida en mitad de la noche por una nave ovalada llena de luces verdes y amarillas, yo no buscaba el afecto de mi madre, padre o hermanas, un afecto seguramente necesario, sino el afecto que me proporcionaban los libros. Leía.

A medida que fui creciendo, fui consciente de que el afecto tanto de las personas que yo consideraba cercanas como de los libros es algo imprescindible en la vida: el beso de tu hermana cada vez que te ve, el abrazo de tu amiga cuando estás triste, los cariños de una compañera, etc. Nunca, hasta relativamente hace poco le di un carácter político a los afectos; quizás los tenía reducido a la esfera íntima pero ahora, más que nunca, me he dado cuenta de que tenemos que convertir los afectos en una revolución, la revolución contra el sistema.

En los tiempos que corren, los afectos, desde mi punto de vista, parecen haberse convertido en algo finito en el planeta tierra. Nadie los ha prohibido, no aparecen sancionados en ninguna normativa y legislación pero tampoco nadie ha hablado de ellos, nadie les ha dado la importancia que merecen. Puedo considerarme afortunada de cómo ha sido mi confinamiento, con salud (la mía y la gente de mi alrededor), con trabajo, sin situaciones difíciles como maltrato o con peques a mi cargo, “disfrutando”, en gran medida, de mi soledad. Pero llegó un momento al final, que tenía carencias, que muy a mi pesar ni los libros lograban paliar. Necesitaba ver gente, sentirlas cercana, tocarlas, ver que eran reales y estaban ahí, que no se habían evaporado como las nubes cuando vienen precipitaciones. Siempre he sido una persona tímida e introvertida, volcada en mi mundo interior que desde fuera podría llevar a pensar que no me importan demasiado las relaciones personales y, sin embargo, salí del confinamiento con la sensación de que nos estaban quitando algo muy preciado, indispensable para una vida de calidad: los afectos de todo tipo. Y necesitamos ese sostén.

Lo he comentado en otras ocasiones, el capitalismo lo fagocita todo y ahora le interesa devorar, como una especie de Saturno contemporáneo, que la comunidad, la solidaridad, el cariño, lo común, el amor desaparezca. De alguna forma, eso haría que nos miráramos más aún si cabe el ombligo. Somos más débiles separados que en comunidad y el capitalismo nos quiere solas (ya lo decía también Coral Herrera) y para mí, lo más desolador es que parece que ni siquiera nos estamos dando cuenta.

Quiero que los afectos oKupen los espacios públicos (siendo conscientes del virus con el que estamos conviviendo). Quizás debamos ser más precavidas pero los espacios públicos son de la ciudadanía, también para los afectos. Son un derecho que deberíamos considerar irrenunciable. Sin embargo, desde hace tiempo, incluso antes de la COVID, una no puede sentarse en una plaza a conversar con sus amigas porque no hay bancos o están separados, cualquier lugar se convierte un lugar de paso; ni siquiera los lugares de paso son cómodos. ¡Cuántas aceras están invadidas por las terrazas de los bares para que no podamos estar en ese espacio sin consumir! Es realmente difícil, oKupar y oKupar sin pagar por ello (quizás en más de un sentido).

Por esto es que reivindico una política de los afectos, donde nos cuidemos, nos veamos, nos sintamos cerca física y emocionalmente, donde conversemos y generemos vínculos, donde nos escuchemos y abramos espacios de confianza al ritmo que cada persona necesitemos. Me niego a interiorizar que es una blasfemia darnos un abrazo, unos besos o estar cerca de las personas que queremos (amistades, pareja, familia, etc.) Porque siento que sí nos podemos arriesgar para aquellas actividades que beneficien al sistema pero nos limitan y dificultan aquello que supone un sostén emocional y psicológico, aquello que nos permite estar unidad, y simplemente, porque saben que así somos más peligrosas. Y llevo tiempo empezando a ver esta situación como una represión, la instauración del miedo del que habla Naomi Klein en su libro La doctrina del shock.

Para mí, una de las formas de rebelión contra este sistema, es fomentar y fortalecer los lazos afectivos y leer, leer mucho. Porque en el afecto encontraremos apoyo y en la lectura encontraremos las posibilidades, la apertura, la empatía, los mundos imaginarios y, no tanto, que nos permitirán tomar consciencia de aquello que necesitemos, que nos ayudarán a conectar con el presente, a construir la vida, otra vida ajena al sistema capitalista, a darnos la mano y querernos y cuidarnos desde la responsabilidad que también es necesaria ahora.

Quiero oKupar el espacio público, quiero oKuparlo con mis amigas, quiero oKuparlo dando un beso al chico que me gusta y quiero que nos oKupemos las unas de las otras. Cambiará la vida tal como la estamos entendiendo, no sé si por la COVID, las nevadas, los terremotos, las plagas o los ovnis tenebrosos de mi infancia.

En definitiva, que quizás será el fin del mundo pero no el de los afectos.

Cómo te deseo

Digamos que conocí a B. (por ponerle un nombre) en una acción feminista en una librería. Cuatro compañeras acudimos esa tarde con la intención visible de hojear y comprar algún libro de Annie Ernaux, Mariana Marquez o Trifonia Melibea Obono y con la intención oculta de introducir papelitos como este en libros de escritores como Pérez Reverte o Vargas Llosa.

No era el Día del Libro ni un 8-M, simplemente un día de nubes bajas y deseos altos por unas buenas lecturas.

Explorar el deseo es una de las cuestiones que más me fascinan. El deseo, que quizás deberíamos ligar al consentimiento y/o al consentimiento entusiasta en un contexto sexual, pero que en este artículo voy a mantener al margen.

Me interesa conocer qué es el deseo, cómo se construye y desde dónde. Y no puedo dejar de preguntarme qué es el deseo en un sistema capitalista porque lo que sí tengo claro es que el deseo es una construcción social. Nos dirigen el deseo aunque creamos que somos completamente libres. ¿Por qué me fijé en el librero B. y no el librero A.? ¿Qué me dice la sociedad que debo desear para encajar, para tener éxito, para ser bien vista? ¿Quiero todo eso? ¿Cuáles son mis creencias? ¿Cómo me he dejado influir? ¿Soy consciente de ellas e intento cuestionarlas?

Todas estas atribulaciones venían a mi mente mientras tenía la atención dividida entre el machirulo- escritor, el libro que quería comprar y B. Porque B. había despertado mi deseo. ¿Qué me había llamado la atención? ¿Qué peso tenía lo impuesto por el sistema y lo decidido por mí? ¿Era su juventud? ¿Era su estilo? ¿Era la forma en que preguntó “¿os puedo ayudar en algo?” ¿era la posibilidad de una mente llena de literatura y creatividad? Creo que, en ese momento, si hubiera sabido guiñar los ojos, le hubiera guiñado uno a B.

Mis compañeras seguían atareadas y yo que continuaba con mis diatribas mientras sacaba un boli del bolso, me dije: cuando vuelvas a casa relee el cuento La coraza de Concha Alós. También me vino a la cabeza Caperucita se comió al lobo de Pilar Quintana, con varios relatos en los podría analizar el tema que se había instalado en mi cabeza. También tendría que volver a La sonrisa de las ninfas de Ana Clavel y ah, Cuerpo naufrago (de la misma escritora) no lo he leído. ¡Compraré ese! Al mismo tiempo, me aseguraba de que hubiera escrito bien mi número de teléfono en uno de los papelitos de la acción feminista.

Estas habían sido algunas de mis últimas lecturas porque habitualmente la respuesta a mis preguntas existenciales y problemas las exploro a través de la literatura, porque tiene un punto de representar el mundo y reinventarlo, de ser catártica y producir éxtasis que no tiene una psicóloga. Y ahora que había deseado a B. sentía la necesidad de releer. Posiblemente necesitara hacerme también con otras lecturas más clásicas pero de momento mis principios de guerrilla literaria me llevaban hacia autoras importantes y menos reconocidas.

Cuando terminamos con nuestra acción, pasé por caja. Allí estaba B. Le miré y le sonreí. Me miró… ¿serio o tímido? 15,90 euros, me dijo. Le di 20 euros junto al papel en el que había escrito mi número de teléfono. Esperaba que, tratándose de un librero, no tirara el papel sin antes haberlo leído (también la parte de atrás).

¡Oh, sí! La sexualidad revolucionaria

Llevo varios meses dándole vueltas a este artículo. Meses de reflexión sobre la sexualidad y el sexo. Más cavilaciones al respecto que práctica, no por falta de ganas, si no, en mi caso, por la falta de hombres adecuados. Al mismo tiempo, quizás se nos hace necesario, respirar, parar el tiempo y, precisamente, poner sobre la mesa nuestras sexualidades y cuestionarla.

Voy a recomendar un par de libros (aunque, por supuesto, existen más), que realmente es de lo que trata este blog. Sin embargo, comenzaré haciendo mención a un documental que vi recientemente: Mi nombre es clítoris. En él varias chicas jóvenes responden preguntas sobre su cuerpo, sobre la construcción de su sexualidad, de las relaciones sexuales y de su rol en ellas y podemos extraer preguntas claves que todas las mujeres nos deberíamos realizar:

  • ¿Conocemos nuestro cuerpo? ¿Nos dan permiso para conocerlo? ¿Nos sentimos legitimadas a hacerlo?

  • ¿Nos responsabilizamos de nuestro placer?

  • ¿La educación sexual no debería consistir en algo más que hablar de prevención del embarazo y de enfermedades de transmisión sexual?

  • ¿Qué sucede con el consentimiento, el placer y el deseo?

Evidentemente, en función de nuestro momento vital podríamos encontrar más preguntas o sernos más útiles unas que otras. Con ello lo que queremos sugerir es que es imprescindible mirar hacia nosotras mismas, conocernos, responsabilizarnos y fomentar la comunicación abierta y honesta en pareja y rechazar aquellas relaciones sexuales donde no nos sintamos a gusto, donde nuestro compañero no esté dispuesto a hablar, a compartir, a escuchar, donde no seamos tratadas de forma igualitaria, donde nuestro placer no importe. En definitiva, alejarnos de donde no haya un hombre con ganas de cambiar el papel que también le ha dado la sociedad y el patriarcado en una relación sexual.

Partimos que en las diversas sociedades a lo largo del mundo el placer de la mujer ha estado supeditado al del hombre, la mujer sigue siendo considerada un objeto sexual, alguien que da placer al hombre. Incluso existe la idea equivocada de que lo que le gusta a los hombres les tiene que gustar a las mujeres. ¡Por supuesto que no! Ni siquiera a las mujeres les gustan las mismas cosas ni de la misma manera.

Como dice Sylvia de Bejar existe un modelo masculino de la sexualidad (también cuestionable) donde está muy claro que es lo que desean y le gusta a los hombres, que además es falo-céntrico. Pero, ¿y qué quieren las mujeres? ¿Qué les gusta? La sexóloga y escritora afirma que ese modelo nos quita poder. Nos hacen creer que estamos aquí para agradar así que nos adaptamos, nos acodamos. Nos enseñan a no pedir, a no quejarnos, a complacer. La autora, que tuvo hace unos años un gran éxito con el libro Tú sexo es tuyo (que está actualizando), nos recomienda hacernos varias preguntas:

  • ¿Me satisface a mí? ¿Me hace sentir bien?

  • ¿Se respetan mis deseos y necesidades?

  • ¿Qué hago conmigo misma? Esto nos permite saber qué nos gusta y poder comunicarlo a nuestra pareja.

  • ¿Son tuyas las dificultades o son las dificultades que te han impuesto?

La sexualidad deberíamos vivirla con naturalidad, sin normas impuestas y buscar un orgasmo (si se desea, tampoco es obligatorio aunque nos hagan creer que sí) revolucionario. Cada día puede ser diferente, me pueden apetecer cosas diferentes o lo que me gusta un día no me gusta otro.

Un libro muy interesante que hace un recorrido histórico y cultural por la historia de la vulva y la sexualidad es el cómic de Liv Strömquist titulado El fruto prohibido que nos abrirá los ojos sobre la visión que se ha tenido de la mujer en el ámbito de la sexualidad.

Otro libro en formato cómic es Sex ¡oh! Mi revolución sexual de Lyona que habla del placer, del clítoris, de la menstruación, que intenta hacer ver lo absurdo (que dejan fuera del placer a las mujeres) de algunas prácticas sexuales (heterosexuales) cuando todo el sexo se reduce a eso.

Como siempre decimos, las lecturas nos dan una visión más amplia, nos permite conocer y acercarnos a otras formas de ver y estar en el mundo y, en este caso, de disfrutar la sexualidad sola o en compañía.

En conclusión:

  • Sé tu misma.

  • Conócete.

  • Si tienes pareja, comparte sensaciones, emociones, gustos, apetencias. El sexo hablado es muy importante y también es sexo.

  • Responsabílizate de tu placer.

  • Respeta tu cuerpo y tus necesidades.

  • Respeta quién crees que eres tú.

Otras lecturas:

El placer de María Hesse

Vagina de Naomi Wolf

Los monólogos de la vagina de Eve Ensler

Deseo de Sylvia de Béjar

Conversaciones sobre la escritura. Ursula K. Le Guin con David Naimon

Ursula K. Le Guin fue una escritora de ciencia ficción y género fantástico que falleció recientemente, en 2018. Ha dejado un legado impresionante de novelas, cuentos, ensayos y poemarios. Destacan, entre otros, Los desposeídos o La mano izquierda la oscuridad.

En Conversaciones sobre la escritura, Ursula K. Le Guin charla con David Naimon sobre narrativa, poesía y ensayo y da su visión lúcida sobre diferentes cuestiones. Es un libro que podría leerse conjuntamente con Contar es escuchar, de la misma autora.

Dice David Naimon que Ursula es una escritora de la imaginación, que es la que hace que seamos lo que somos. Su primera impresión de ella fue la de una persona con aplomo que no soporta las personas idiotas. También es una persona que, a pesar de su fama y sus premios, ha intentado seguir publicando en editoriales pequeñas e independientes y dar voz a las personas que sitúan en las periferias de la norma.

En cuanto a la narrativa y la capacidad de escribir, la autora afirma que son necesarias herramientas, y que el plagio puede ser útil para aprender (no para publicar). Por supuesto, es imprescindible leer, pero leer buenos textos.

Además, habla de la importancia del ritmo a la hora de escribir y del esqueleto y armonía de las frases. Una cuestión que también trata y contra la que lucha es la de lo que ellos llama los “capos de la gramática” y cuestiona (dentro de la gramática inglesa) que se utilice el masculino como genérico para incluir el femenino y dice: “Si lo masculino incluye lo femenino y lo femenino no incluye lo masculino, el mensaje es claro y tiene implicaciones sociales y morales de gran envergadura. Por lo que no tenemos que usar el masculino genérico como norma, tenemos alternativas, así que… ¿Por qué no usarlas?” Aquí podemos ver la importancia del lenguaje en cuanto a cómo entendemos el mundo, como reforzarnos nuestra visión de él o cómo intentarnos cambiarlo para que sea más justo. Añade además: “No podemos reestructurar la sociedad sin reestructurar el lenguaje”. Esta necesidad de cambio en el uso del lenguaje se puede ver en su obra Los desposeídos donde no existen los pronombres posesivos. Por otro lado, cree que si pudiera, reescribiría La mano izquierda de la oscuridad (1968) ya que considera insatisfactorio que tuviera que referirse en masculino a personas sin género que aparecen en la novela.

Otro tema que toca es el de la mercantilización de la escritura y las decisiones que se toman sobre un libro, que poco tienen que ver con el arte y sí con las ventas así como el planteamiento del conflicto en una novela o relato. Aprovecha asismimo para analizar la escritura de autoras como Virginia Woolf o Grace Paley y habla de su interés por el budismo y taoísmo y cómo lo aplicó a la escritura (La rueda celeste)

En cuanto a poesía se analizan diferentes poemas, la musicalidad, de nuevo el ritmo y las reivindicaciones. Por ejemplo, en su libro Late in the Day que aparentemente podría tratarse de un libro sin connotaciones políticas, ella misma se pregunta “¿cómo se puede escribir un libro sobre naturaleza sin “política”? Según David Naimon este libro podría abogar por el silencio, la calma y la idea de comunidad como un acto radical.

En esta parte también cuestiona como “los hombres suelen acaparar los focos y nosotras como que nos toca pelearnos para que los hombres vean a las mujeres”.Lo hace en relación a su traducción de la obra de la chilena Gabriela Mistral. Le sorprende la gran fama que adquirió Pablo Neruda, y que Mistral quedara siempre en un segundo plano.

Por último, en cuanto a la parte dedicada al ensayo, me gustaría destacar como Ursula K. Le Guin, aunque no está en contra de las ideas y de la intelectualidad per se, sí que se aleja de ellas si adoptan visos de moralina, superioridad o se quedan en meras opiniones.

También le da un espacio a la importancia de la imaginación y como la educación que recibimos hace que se atrofie o se trate con desdén.

Asimismo habla de la apropiación de las voces en la literatura y de qué le sugiere escribir desde el punto de otra raza o género diferente al suyo. Por otro lado, menciona las diferentes manera que existen para que las mujeres desaparezcan del canon literario (denigración, omisión, excepción y desaparición y que leyó en un libro titulado “Abuelas que desaparecen”.

En conclusión, estamos ante un libro conciso y breve pero que saca a relucir algunas de los principales pensamientos y formas de trabajar de esta gran escritora. Si queréis saber más de ella, además de leer sus libros es muy recomendable el documental “Los mundos de Ursula K. Le Guin”.

 

Pioneras del punk

Hace años, en un post ya expliqué esos comentarios machistas referidos a la literatura en la que, principalmente, los hombres, no les extraña que tengas una mesa llena de libros escritor por hombres (parece ser lo más normal) pero sí les bizquea el ojo si todos los libros los escribieron mujeres (¡qué cosa más extraña! ¿A quién se le ocurre?

Algo similar sucede si hablamos de compartir y hablar de música. Así que este libro al que dedicamos este artículo es un gran tributo a aquellas mujeres que jugaron y siguen jugando grandes papeles en el ámbito musical, concretamente en el punk.

Pioneras del punk. God seave the queens

El punk surgió a finales años 70 (dos de los países más representativos fueron Gran Bretaña y Estados Unidos) para poner fin a una época, la hippy, caracterizada por el hedonismo. Aunque en cada país puede tener características particulares o haber surgido en un contexto determinado, sí, en general, fue un movimiento revolucionario, transgresor y reivindicativo caracterizado por los lemas No future y Do it yourself. Este movimiento también estuvo asociado a una estética muy particular y sus proclamas tenían que ver, como cualquier movimiento cultural o artístico que de alguna manera no puede estar desligado del contexto político y social, con el desencanto, la precariedad, la falta de oportunidades, etc.

God Save the Queens es un libro de entrevistas realizadas por Cristina Garrigós, Nuria Triana y Paula Guerra a diversas cantantes que formaron parte de grupos de música punk del ámbito hispano-portugués y fueron pioneras: Alice Bag de The Bags; Ana da Silva de Raincoatst; Begoña Astigárraga de The Vulpes; Ondina Pires de Ezra Pound e a Locura, Pop Dell’Arte y Great Lesbian Show; Palmolive de Slits y Raincoats; Silvia Escario de Último Resorte y Tere González de Desechables.

Las cantantes que entrevistan las autoras dan su opinión sobre lo que significa el punk para ellas, de lo que supuso la aparición del punk en la escena musical del momento y también del papel que jugaron las mujeres.

Alice Bag considera el punk como algo que tiene el poder de destruir y crear a través de la creatividad para destruir el sistema patriarcal blanco y hacerlo más inclusivo. Y eso, es posiblemente, lo que hicieron muchas de estas mujeres.

Según ella, este movimiento contestatario se rebelaba contra el capitalismo, el negocio de la música y abogaba por el “háztelo tu misma”, una autogestión de las actividades que también reivindicaba Begoña Astigárraga. Se hacían o arreglaban sus propias ropas pero también consideraban que sabiendo un par de acordes de guitarra y con ganas de cantar también era posible subirse a un escenario. Para Alice Bag,

el punk “le permitía a las mujeres ser seres humanos completos que podían celebrar sus propios impulsos creativos y/o sexuales”.

Por su parte, Ana da Silva lo entendía como una música “relacionada con el alma, con explorar ideas y hablar de la sociedad”. Intenta también alejar el punk de los excesos a los que se le asociaba que bien cierto que existían no siempre es bueno caer en estereotipos. Para las personas que frecuentaban estos ambientes, el punk les permitía expresarse a su manera, hablar de política, de machismo, racismo o de ecología e intentar crear un mundo más justo y mejor.

Silvia Escario resalta como características del punk el humor y la ironía y también el atrevimiento, muchas veces relacionado con los atuendos y vestuarios con los que salían al escenario a cantar. También menciona que en el ámbito punk

no se pensaba en casarse, así de romántico era el punk, ningún papel nos atará para siempre, la relación durará lo que tenga que durar, de forma generalizada y gracias a los anticonceptivos, follábamos sólo por placer, no para concebir, traer hijos propios a este mundo para que fueran unos infelices…”

En definitiva, este libro de entrevistas, centrado en lo profesional, puede ser una forma de acercarse de primera mano a cómo vivían las mujeres su papel en el ámbito musical: que formaran parte de grupos, que hubiera grupos exclusivamente de chicas. Podemos hacernos una idea de las dificultades, desigualdades y oportunidades que se les presentaba en este mundo y cómo ellas siempre fueron mujeres que hicieron lo que desearon y que no se dejaron amedrentar.

COVID-19. Menos banalidades y más lectura crítica

Treinta días de “encarcelamiento domiciliario” a cuenta del COVID-19. Hemos visto la luna creciente, llena, menguante y nueva. Treinta días de aplausos en los balcones y terrazas, memes, videos graciosos y un sin fin de relleno y otra vez a empezar una nueva fase. Hartazgo, cabreo y, a veces, tristeza (tenemos derecho a la tristeza como reivindica Octavio Salazar) de tanto postureo. ¡Postureo, sí! Que no sé si terminará en el Instagram pero postureo al fin y al cabo. Nos estamos dejando arrasar por lo banal y lo superficial.

Creo que aparte de aquellas pequeñas cosas en el día a día que necesitemos para sentirnos bien y sobrellevar este confinamiento –que es una emergencia y no un triunfo como comenta el filósofo Josep Ramoneda-, de la mejor manera posible , es imprescindible una reflexión y crítica colectiva de lo que podemos esperar o nos espera cuando volvamos  a la supuesta normalidad en la que vivíamos.

amnesicsTenemos que ser conscientes de que a nivel social hemos dado prioridad a la seguridad frente a la libertad. Y no hemos dicho ni pío… eso se lo dejamos a los pajaritos. A la escritora Géraldine Schwarz, autora de Los amnésicos, le sorprende que se haya renunciado con tanta facilidad a un derecho básico y es, por tanto, una cuestión que le asusta (su punto de partida es que la libertad se aprende) ya que la libertad no es un derecho que se tenga ganado para el infinito de los tiempos, sino que siempre hay que estar pendiente de que no pretendan quitárnosla. La escritora además pone de relieve que las normas de confinamiento han sido aprobadas por el casi 100 % de la población sin apenas voces críticas en los medios y que se fomenta como positivo lo bien ha gestionado la situación un país con una dictadura como es China, cuando en los países democráticos se debería desear estar lejos de ese tipo de comparaciones. También se pregunta si las normas son proporcionales a la amenaza (pone en duda algunas de las llevadas a cabo en España). De hecho, las normas de confinamiento han variado según países teniendo en cuenta su forma de entender la democracia y la libertad y el peligro que supone alargar esta situación, es decir, una gestión sanitaria como esta, no está separada de unas ideas políticas.

Por su parte, la filósofa Marina Garcés considera que el control social será emarinal gran vencedor, justificado en aras de la seguridad. Si el miedo triunfa (y los policías de balcón) acabaremos en una sociedad autoritaria donde prevalecerá la exclusión y la desigualdad, y aunque no se menciona explícitamente, afectará en mayor medida a las mujeres (por ejemplo, mayor pobreza, mayor carga de trabajo de cuidados),  una opinión que también comparte el antes mencionado Josep Ramoneda que dice “La historia demuestra que se sabe cuándo empiezan las restricciones de libertades pero no cuándo acaban”.

Un control social, que considero ya están intentando (o haciendo más grande el que ya tenían) algunas grandes empresas (BBVA, Telefónica, Santander, Iberdrola, Inditex). ¿Somos tan ingenuas para pensar que realmente las donaciones que han realizado estas multinacionales de material de primera necesidad para el COVID-19 son realmente altruistas? ¿No esperarán conseguir algún tipo de beneficio político, económico y comercial que reclamarán como legítimo tan pronto como puedan aldoctrina gobierno de turno (al que demasiadas veces le interesa este tipo de acuerdos)? Desde hace tiempo vivimos en una sociedad capitalista, neoliberal y extremadamente individualista que se rige por la privatización y el corporativismo y este tipo de crisis son el trampolín para que emergan o se solidifiquen las ideas neoliberales. Naomi Klein lo explica a la perfección en La doctrina del shock y en algunas entrevistas que ha concedido recientemente. El pánico que genera cualquier crisis (guerra, terrorismo, huracán, pandemias, etc.) son un perfecto caldo de cultivo para someter a la ciudadanía e introducir en el sistema las políticas económicas (siempre de libre mercado) que más favorezcan a los de siempre, es decir, a las multinacionales y a los ricos y poderosos.

En mi opinión, en cierto modo, ahora mismo, estamos siendo domesticadas y amansadas y creo que se está sembrando el miedo dentro de nosotras. También a través del lenguaje, ese lenguaje inoportuno, inexacto, mal empleado, pero efectivo y efectista: el lenguaje bélico, de héroes, donde, siguiendo su lógica tiene que haber vencedoras y vencidas, un lenguaje sumamente agresivo en los medios de comunicación, que se contagia y que supongo se utiliza que con el fin también de intimidar. ¿Quién no tiene miedo a una guerra?  Yo bajo a tirar la basura o a hacer la compra y aunque la calle esté desierta, me siento observada, siento ansiedad y cierta congoja. Camino con prisa (más allá de que me apetece estirar las piernas), encogida, nerviosa. ¡No es normal! ¡No debería parecernos normal! Podría ser normal en el sentido de que nunca nos hemos visto en una situación similar antes y debemos acostumbcriadararnos. Ahí está también la trampa.

Me veo casi siendo un personaje de la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada.Y no me gusta que nuestra sociedad puede llegar a tener cierta similitud con la descrita en dicho libro, en gran parte, por supuesto, por lo que nos supondría a las mujeres; no creo que a nadie que haya leído el libro o visto la serie le agradara lo más mínimo.

Ademariamás, Simone de Beauvoir también en su momento afirmó que toda crisis siempre trae recortes o negación de derechos y libertades para las mujeres. Lo que significa, que a pesar de ser la mitad de la población del planeta, somos susceptibles de estar en peores condiciones a partir de la situación actual, condiciones que se agravan, si tenemos en cuenta la clase social, la religión, la diversidad funcional, la orientación sexual o si hablamos de mujeres “exiliadas por el neoliberalismo” (expresión utilizada por la activista y feminista boliviana María Galindo). ¡Así que cuidado!

Por estos motivos, creo importante leer, la cultura y estar bien informadas. Le damos poca importancia, pero la realidad es que históricamente siempre que se han perpetrado guerras, aparte de todos los asesinatos, torturas, violaciones de mujeres y otras barbaridades, algo que siempre se lleva a cabo es destruir el acervo cultural del país, comunidH404862ad, grupo o tribu atacada e invadida. En nombre, en muchas ocasiones, de la libertad y la democracia, se han pulverizado bibliotecas, obras de arte o museos. ¿Nos parece ahora tan imposible Fahrenheit 451 de Ray Bradbury? ¿Queremos que vuelva a suceder? A lo largo de la historia, además, he visto que las creaciones literarias, y artísticas en general, de las mujeres han sido ocultadas, invisibilizadas y ninguneadas. Está costando muchísimo esfuerzo volver a traer al lugar que se merece la Herstory así que no nos podemos perder el lujo de volver a perderla.

Creemos que las distopías son una especie de fantasía pero recurriendo a un lugar común: la realidad a veces supera la ficción. De hecho estoy empezando a escribir un relato sobre ello, no sé si con connotaciones terapéuticas o de otro tipo pero el cuerpo me pide una historia que narre qué sucedería si a raíz de este confinamiento, en un futuro, las mujeres perdieramos la liberdad, no sólo de movernos solas sino de vivir solas o con otras mujeres. Imagino (con horror) una sociedad donde las mujeres son obligadas a vivir virginiacon un hombre: marido, hijo, hermano o regresar a casa de los padres. Si no fuera posible, se las obligaría a ir a un centro para su reinserción, ¿a través del Tinder? Mientras, paralelamente, un grupo de expertas, en una sede, planean viajes en el tiempo para recuperar (otra vez) los libros escritos por mujeres y que fueron saqueados, destruidos u ocultados, concretamente en esta historia: Una habitación propia de Virginia Woolf, Libros que nunca llegaron a las mujeres de esa sociedad y cuya lectura les llevaría a reivindicar de nuevo la libertad. ¿Es una idea descabellada? Espero que sólo sea eso, mi relato distópico en tiempos del coronavirus.

El pasado 10 y 11 de abril se convocó un apagón cultural en las redes sociales. El sector está bajo mínimos y no atisban que reciban ayudas para salir de esta situación, como lo recibirán personas que trabajan en otros sectores. No hay nada más parecido a un rebaño que una sociedad a la que no se le permita el acceso a la cultura. Necesitamos además una cultura accesible para todo el mundo independientemente de sus posibilidades económicas. Si somos una ciudadanía sin cultura, harán de nosotras lo que quieran. ¡Viva la oveja negra!

Esperemos que como sociedad esto nos sirva para ser lectores y no sólo lectores, sino también críticos; para ser personas más solidarias, que fomentan la amistad y lo valioso de compartir y cooperar; apoyemos y unámonos para transformar el mundo. Ni siquiera volver al de antes, o partir, en todo caso, de lo que teníamos para cambiarlo, porque estamos viviendo en una sociedad llena de violencia, privilegios y poder para una minoría, desigualdad, exclusión, injusticia, xenofobia, machismo y no debeos permitir que esa situación se intensifique y se convierta en muchas de las distopías que leemos. No permitamos que los gobiernos ni las empresas nos manipulen y nos utilicen como sus marionetas para enriquecerse y alcanzar el poder. ¡No a una sociedad capitalista y patriarcal! Además, la revolución será feminista o no será.

índice

Lecturas distópicas:

Las hijas de Egalia de Gerd Brantenberg.

El sueño de la sultana de Rokeya Sakhawat Hossain.

Las cosas que perdimos en el fuego (relato) de Mariana Márquez.

Mujer al borde del tiempo de Marge Piercy.

La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Leguin.

Los desposeídos. Ursula K. Leguin.

El país de las mujeres de Gioconda Belli.

Binti de Nnedi Okorafor

Herland. Charlottte Perkins-Gilman.

Distópicas (libro de relatos).

Poshumanas (libro de relatos).

Parentesco de Octavia E. Butler.

Citas con libros

El último chico con el que estuve un tiempo quedando para conocernos tenía la lectura como afición común a mí. Cuando quedaba con él, me gustaba llegaleeme mas fuerter después porque sabía que le encontraría leyendo. Siempre llevaba un libro en la mochila y cuando estaba en una cafetería o en el parque, leía. A mí me encantaba entrar, por ejemplo, en una chocolatería, localizarle con la mirada y, desde lejos, observarle: su postura que solía ser con la mano derecha apoyada en la sien y con una medio sonrisa en lacara, si abría mucho el libro o era cuidadoso con las páginas, si se distraía mirando a la gente de alrededor, si hacía gestos, si miraba el móvil, etc. A veces, me quedaba unos segundos allí, retrasando el momento de encontrarme con él, dejando que mis ojos retuvieran cada detalle de la escena básicamente porque me parecía extremadamente sensual y porque sabía que esa imagen me haría más agradable, todavía más,  el día con él.

Los libros siempre me han parecido un objeto muy sexy como parte del juego de la seducción, un juego que puede y debe estar alejado de esa idea machista de un juego de poder, de acoso (en algunas situaciones), de cesiones, de manipulaciones y poses que nos han trasmitido de pequeñas, un juego al que todas sabemos cómo se juega y al que a veces jugamos por inercia. Yo abogo por una seducción sana, en condiciones de igualdad, sin juegos manipuladores, ni tonterías… y si hay un libro o varios de por medio, mejor que mejor.

Esta seducción, que para no engañarnos, la mayoría de las ocasiones termina cuando creemos tener conquistada (término horroroso, por cierto) a la otra persona o ella a nosotras. Sin embargo, creo que en una relación que continúa en el tiempo, en las parejas estables o en los matrimonios, en la convivencia, de una manera u otra, la seducción tendría que ser una parte más del cuidado y del estímulo de la relación porque ya lo dijo Betty Friedan: Ninguna mujer ha tenido un orgasmo limpiando el suelo de la cocina”.

Seducir con libros despierta no sólo nuestro cuerpo sino también nuestra mente. Flavita Banana utilizflavita leera mucho este elemento en sus viñetas gráficas y desde que las leí las tengo muy presentes en mi vida (buscadla, por favor). ¿Cómo no seguir el juego a alguien que te propone ir a leer a la cama con él? ¿O por qué no proponérselo tú a él? Yo lo hice al chico de la chocolatería. flavitaOs puedo asegurar que descoloca y si él es capaz de seguir el juego, aún no teniendo claro qué parte es real y qué parte es ficción, la conversación se convierte en algo sensual, original, en definitiva, en algo dónde lo erótico, lo placentero y lo sexual no está solo en un cuerpo. ¿Leemos en la cama juntos una novela? Quizás eso sólo nos conviene (y nos da tiempo) si construimos una relación duradera en el tiempo. Quizás mejor un libro de poemas, que son breves, por si luego cada uno decidimos seguir nuestro camino separados porque ya lo decía la activista, escritora y feminista estadounidense Gloria Steinem, autora de Mi vida en la carretera :una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta” o Kate Millet que afirmaba que  “El amor ha sido el opio de las mujeres”. Está claro.

Charles Bukowski, al que podemos tildar de machista, tenía también una afirmación, que a mí personalmente me entusiasma, adaptándola a mi sentir: “Follar la mente de una mujer es un vicio refinado para los entendidos; todos los demás se conforman con el cuerpo”. Para mí, la seducción, el sentir atracción no es sólo algo físico, de hecho, no me gusta que me cosifiquen o que me vean o me cataloguen como una herramienta para dar placer. También tengo deseo, también busco sentir placer y recibirlo, por ello, el hecho de que en este caso, un hombre, tenga interés en seducirme intelectualmente, de hacer que me derrita a nivel intelectual, o poder hacer yo lo mismo (suerte si no he dado con una ameba) me resulta de lo más erotizante, algo que yo vivo mucho mediante los libros pero que me gusta que esté en el día a día, en lo cotidiano, en el gesto o en la palabra más trivial.

El director de cine John Waters participó en una campaña de promoción de la lectura que decía algo así como: “Tenemos que hacer que los libros sean divertidos gopeguide nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no folles con él”. ¡Me encanta! Es algo que se hubiera tenido presente a lo largo de mi vida posiblemente tendría que haber renegado de la mayoría de mis relaciones. Salvaría a tres hombres. Y si tengo que tener en cuenta, si han leído algún libro escrito por mujeres o muestran algún interés en ello, sólo “dejaría con vida” al chico de la chocolatería, que leía con buenos ojos a Belén Gopegui (a estos no hay que dejarlos escapar). Aunque nunca es tarde para tener en cuenta la cita del director.

Leo mucho, una media de cien libros al año. La lectura forma parte de mi vida, desde que aprendí a leer. Es una forma que escogí para entender y transformar el mundo (junto con la escritura) que tiene mucha similitud, salvando mucho las distancias, claro, con Ana María Matute, que en una ocasión dijo: “Escribir para mí, no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo, de ser; no se puede hacer otra cosa. Se es escritor. Bueno o malo, ya es otra cuestión”.

Aunque no todo el mundo lo considera una afición interesante, ni algo a valorar en una personemmaa. Me han llamado desde ratona de biblioteca hasta gafapasta y me han insinuado irónicamente (o no tanto) la necesidad que tengo de comprar y tener libros en casa. Es posible que me pillaran siendo demasiado joven o inocente pero ahora les diría, adaptando una cita de la activista y oradora anarquista Emma Goldman “si no puedo leer, no es mi revolución”. Y les daría puerta. Y además, les añadiría, emulando ( también versión adaptada de la cita) a la ingeniosa escritora Dorothy Parker:

“Tengo un apartamento pequeño. Apenas tengo espacio para dejar mi bolso y todos mis libros. No me caben los amantes”.

dorothy+

Es posible que muchos de estos comentarios negativos que trasladan, desde luego, inseguridad y miedo al conocimiento, a la inteligencia, al saber y la independencia del pensamientos y a la capacidad crítica, más si es en una mujer, más si es en una mujer con la que un hombre quiero acostarse o tener una relación, tengan que ver con esas mujer peligrosasafirmaciones que se han hecho a lo largo de la historia que dicen que “Las mujeres que leen son peligrosas” (libro además de Stefan Bollman) y “Las mujeres que escriben también son peligrosas”. Creencias que llevaron en su momento a prohibir el acceso a la educación, a la cultura y a la escritura a las mujeres.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que esto sigue vigente aunque nos parezca disparatado y nada más cercano a nuestro tiempo esa cita de la ensayista francesa mujer rotaSimone de Beauvoir “No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe, de una mujer así… jamás se regresa”. Los hombres tienen miedo a las mujeres que consideran “demasiado” para ellos. Yo les digo a esos hombres; no tengáis miedo de las mujeres que leen, de las mujeres inteligentes. Dadles su espacio, caminad junto a ellas, apoyadlas, no las piséis; es maravilloso poder tener mujeres así en vuestra vida y porque…, en cualquier caso, “No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente” (Virginia Woolf)

Otras recomendaciones lectoras:

Sex Oh! Mi revolución sexual de Lyona.

Pleasure activism de adrienne maree brown.

El fruto prohibido de Liv Stromquist.

Te puedo: la fantasía del poder en la cama de Analía Iglesia y Marta Zhein.

El algoritmo del amor: un viaje a las entrañas de Tinder de Judith Duportail.

**Agradecimientos por algunas de las frases y citas a Chus y Sofía.

Algunas lecturas durante el confinamiento

Casi he olvidado lo que es escribir en el blog. Ha pasado mucho tiempo desde que comenté lecturas con todas vosotras.

Ahora, en tiempos de confinamiento, las lecturas están más que nunca con nosotras. Por mi parte, he escogido lecturas variadas, desde novela a ensayo, teatro o poesía. En estas dos semanasos cuento un poco lo que estoy leyendo.

Estoy con Desierto sonoro  de Valeria Luiselli que narra el viaje de una familia en coche por el desierto de Arizona en busca de dos proyectos. El de la protagonista que quiere documentar las desapariciones de niños y niñas en la frontero de México con Estados Unidos y el del marido, que quiere hacer lo propio con los Apaches. Se trata de un road book en el que destaa el interés porque conectemos con el libro mediante los sonidos. El sentido de la vista suele ser el más habitual para percebir el mundo y me gusta que en este libro no se centre en él.

En poesía, he leído a dos mujeres feministas que en algunas ocasiones mostraron posturas enfrentadas  y, sin embargo, siendo ambas imprescindibles: Audre Lorde y Adrianne Rich. De la primera he leído El unicornio negro y de la segunda El sueño de una lengua en común. Son dos libros imprescindibles para conocer los temas que trataban y su punto de vista.

En cuanto a teatro la obra La casa de la fuerza de Angelica Lidell es brutal, en cuanto a temática y lenguaje. Varias mujeres fuertes y subversivas narran la situación de las mujeres en la actualidad y el machismo cotidiano.

Por último, estoy leyendo La doctrina del shock de Naomi Klein. No es un libro reciente. En su momento tuvo mucho impacto mediático pero creo que puede ser una lectura interesante para estos tiempos que corren. Debemos mirar no sólo lo individual sino también lo colectivo y pensar cómo sociedad qué va a pasar después  y cómo queremos vivir. Muchos estados han aprovechado momentos de crisis de cualquier tipo para luego implantar medidas neoliberales y coartar la libertad. En este libro, la autora, nos desmigaja cómo se ha venido haciendo a lo largo de la historia.

Espero que este post sirva como engranaje para mis dedos y mente para seguir escribiendo.

¿Qué estáis leyendo vosotras?

Sexismo cotidiano

El seximo cotidiano o lo que algunas personas denominan micromachismos lo sufrimos las mujeres todos los días, incluso, aquellas que en un principio podrían negarlo. Hay situaciones, comentarios y actitudes que tenemos tan interiorizadas que las naturalizamos. Siempre que naturalizamos o normalizamos “algo” significa que no va a salir nuestra vena crítica o reflexiva porque consideramos que ese “algo” tiene que ser así.

Naturalizamos un piropo en la calle o una opinión no pedida sobre nuestro cuerpo, que nos valoren por nuestro cuerpo, que consideren menos nuestra opinión o que cobremos menos por el mismo trabajo. Y hay muchas más.

A mí, personalmente una de las cosas que más me molesta es el mansplanning de los hombres en todos los ámbitos. Una de las situaciones que recuerbicicletado con más rabia es cuando empecé a salir a montar en bici con un tío. Antes de conocerle, yo ya montaba en bici. Él no, y a raíz de conocerme se compró una. Yo le enseñé algunas cosas básicas sobre técnica: la postura en el sillín, como pedalear, etc. (tampoco es que yo sea un hacha pero sabía cosas). Después de un tiempo, cosas de la vida, un día que salimos me empezó a dar explicaciones sobre  cómo tenía que colocarme en la bicicleta. Mi cara era todo un poema. ¿No sabía él esas cosas porque yo se las había explicado? ¿Por qué tenía que explicarme algo que ya sabía, que hacía habitualmente desde hacía en tiempo en mis salidas con la bici? ¿Es esto un fenómenos paranormal? ¿Me ha confudido con otra? Desgraciadamente situaciones similares con la bici me ha pasado con más  hombres, porque evidentemente nosotras no podemos saber nada de ciertos temas (¿o de ninguno?)

Sexismo_cotidianoLaura Bates, fundadora del Everyday Sexim Project, en su libro Sexismo cotidiano hace recopilación de todas las situaciones machistas vividas por mujeres en la vida cotidiana y compartidas en Twitter. El libro recoge diversos y variados testimonios clasificados por ámbitos donde las mujeres podemos sufrir menosprecios, abusos, agresiones, etc. Lamentablemente, son en todos los ámbitos de la vida:

 

  • Mujeres en política.
  • Las adolescentes.
  • La formación de las mujeres jóvenes.
  • Mujeres en espacios públicos.
  • Mujeres en los medios de comunicación.
  • Mujeres en el lugar de trabajo.
  • Maternidad.
  • Doble discriminación.
  • Mujeres amenazadas.

Aunque es cierto que está centrado en el ámbito anglosajón, principalmente, en el Reino Unido, nos puede servir para visibilizar y ser conscientes de las situaciones machistas que vivimos las mujeres.

Para poder cambiar estas situaciones, necesitamos cuestionarnos el mundo en el que vivimos, las cosas que nos pasan y por qué nos pasan.

Recomiendo leer a Luis Bonino, un psicólogo que trabajó el tema de los micromachismos en la pareja, un ámbito, el del amor, que es uno de los más peligrosos para las mujeres.

Necesitamos reflexión y cuestionamiento en nuestras vidas diarias.