Conversaciones feministas

En verano me siento a la sombra de un árbol. Con V., con A., con O. y J. o con C. Y conversamos. Conversaciones que no sabemos dónde nos llevarán (o sí). Y me gusta , regreso a mi casa diferente. Con una sensación de haber llenado huequitos y haber vaciado otros.

No es la primera vez que escribo sobre el arte de conversar, (aunque tratado desde un punto de vista algo diferente); parece una tontería pero conversar es un arte, sí, difícil y al alcance de pocas personas, más por desconocimiento o porque nunca nos enseñaron a conversar como es debido. Y aún así, me diréis, sobre todo algunos, las conversaciones conversaciones son. Oye, pues no. A conversar se aprende.

Para mí, además, no es lo mismo, en general, conversar con mujeres que con hombres.

¿Qué pasa con los hombres?

Libro de Rebecca Solnit

Hacen mansplaining. Es raro encontrar un hombre (compañero de trabajo, amigo, pareja, familiar…) que en algún momento de tu existencia no te explique algo que tú ya sabes. Como le sucedió a Rebecca Solnit (la que acuñó el término y a la que un hombre le “dio lecciones” con el libro que ella misma había escrito (él tenía tan pocas ganas de conversar y tantas de alimentar su ego que ni siquiera se molestó en saber quién era). A mí, en alguna ocasión, me han explicado mi trabajo, un hombre completamente ajeno a él, hasta con poco interés en lo que hacía. Incluso me han llegado a explicar cosas que yo previamente les había explicado a ellos. No sé, quizás, pensaron que en algún momento, perdí la memoria. Me llevan los demonios. Y no, esto no es conversar.

Dan de comer a su ego, igual quien da de comer a las palomas en el parque. Esto lo puedes encontrar en todo tipo de personas, aunque bien es cierto que se da mucho en hombres debido a la socialización y educación que han recibido. En situaciones así, cualquier intento de conversar desembocará en un “yo”, “yo”, “yo”… Aburrido. De hecho, son bastantes las mujeres que me han comentado que a la hora de ligar, por ejemplo, es difícil encontrar un hombre que no se pase el tiempo hablando de sí mismo y de sus hazañas patriarcales. A esto me gusta denominarles los hombres yo-yo. Me llevan los demonios. Y no, esto no es conversar.

Por tanto, no escuchan. Escuchar, escuchar de verdad, es una parte importante de la conversación. Quien anda inmerso en su reflejo, cual narciso, no te va a escuchar. Anulará tu experiencia, tus emociones, tus necesidades. Aprovechará cualquier cosa que comentes para hablar de él. Así, tu llegarás contenta de contar tus vacaciones en Barcelona y él ni siquiera te preguntará qué tal (o que la boca pequeña) e inmediatamente empezará algo del estilo: pues yo aquella vez que estuve en Barcelona en 1992… ¿Qué? ¿Viste a Cobi? Y así quedará enterrada como las semillas tus ganas de hablar de Barna o de lo que sea. Tú comentario tendrá siempre por respuesta un yo (ver párrafo anterior si está leyendo en diagonal). Me llevan los demonios. Y no, esto no es conversar.

Libro de Susana Martín Gijón
Libro de Chantal Akerman

En general, vivimos en una sociedad individualista que se mira mucho el ombligo (entiendo que también por si se queda atrapada alguna pelusa) donde importa nuestra imagen, nuestra apariencia, qué transmitimos en la vida real, y sobre todo, en las redes sociales. Una sociedad en la que queremos estar por encima de los demás, ser el centro, acaparar. Así es difícil, sino imposible tener conversaciones transformadoras y reflexivas. Simplemente, surge la frustración y las ganas de alzar la bandera blanca y de decir: lo que tú digas, ale.

Yo, en estos casos me refugio en la literatura.

Afirma Constantino Bertolo en su libro ¿Quiénes somos? 55 libros de la literatura española del siglo XX, que la literatura es conversación (podemos conversar con los libros y olvidarnos de las personas, aunque es conveniente y sano combinar ambas). Dice en la introducción que podemos plantearnos qué preguntas le hacemos a la literatura y cómo nos respondería ella.

De alguna forma, es hablar con una misma y con los demás, aprender a escuchar. Puedes conocer tantos tipos de personas diferentes, lugares, situaciones, vidas, formas de hacer las cosas, que sencillamente tendrás que renunciar a tu ego y escuchar, ponerte en el lugar de los personajes con los que estás intimando a través de la lectura.

Aprenderás a conversar con las personas en la vida real y con la propia literatura que te proporcionará no sé si respuestas pero sí preguntas, te pondrá ante ti misma y ante tus certezas.

¿Qué es para mí conversar?

Brigitte Vasallo
Libro de Grace Paley

Estimular con información poco corriente, ofrecer alternativas y especular con posibilidades (claro, sin ser pedantes). Hombres no tenéis que quedar siempre por encima.

Preguntar sobre lo que te están contando. Nada de responder con un “yo”.

Despertar interés, con información poco corriente o un punto de vista no común.

Escuchar activamente y observar. Volvemos a renegar de la verborrea y el mansplaining.

Ser empática no es dar consejos, decir lo que tú harías, quitarle importancia a lo que están contando. Todo esto es otra cosa y no suelen ser bienvenidas si una persona antes no se ha sentido escuchada y entendida. Ser empática es sencillamente comprender a la otra persona y sentir curiosidad por lo que siente, piensa aunque tú no estés de acuerdo.

-Tener sentido del humor

¿Cómo se puede aprender a conversar?

-Entendiendo el lugar desde donde habla la otra persona (burbuja lógica).

-Rechazando generalidades rotundas.

-Sabiendo estar en desacuerdo de forma cortés.

-Observando cómo conversar otras personas.

-Jugando a las posibilidades.

Y todo emerge, del interés, la actitud, la apertura y, por supuesto, los libros con los que nos encontramos.

*os dejo en la imágenes libros con los que he conversado recientemente o tengo pensado hacerlo 🙂

Naturaleza es nombre de mujer

A veces, cuestionarse cosas o reflexionar sobre nuestra vida surge de las situaciones más absurdas o surrealistas. Estoy sentada al sol, con un libro en la mano, un libro rojo cuya portada absorbe mi atención y que se titula La importancia de no entenderlo todo de Grace Paley.

N. y yo estamos en El Caracolero, una residencia artística en Torralba de Ribota. Queremos poner una lavadora antes de marcharnos y dejar las sábanas que hemos usado limpias. La lavadora está llena. Me surge de la duda de si es ético, invasivo o quién sabe qué, lavar y tender los calzoncillos y calcetines de un tipo muy simpático y divertido, el propitario de la casa, que solo conocemos desde hace tres días.

La diatriba ética dura poco tiempo. No tiene ninguna importancia. Hay que ser atrevida y por algún lado hay que salir de la zona de confort en el ámbito rural (naturaleza, campo, montaña).

Ser mujer en un pueblo no tiene que ser fácil. Querer apañártelas por tu cuenta en medio del campo o la naturaleza por tu cuenta tampoco.

Abi Andrews lo relata en Naturaleza es nombre de mujer. Resulta desconcertate, aún hoy día, que una mujer quiera apartarse de la sociedad y adentrarse en la naturaleza salvaje. También afirma que el hecho de que una mujer tengo una naturaleza salvaje no se considera como sinónimo de autonomía y libertad sino que se considera una clase de fiebre irracional. No tiene el mismo significado un hombre que una mujer en la naturaleza.

En este libro la autora narra su estancia sola en unos bosques de Alaska. Intercala tanto la descripción propia del viaje y la estancia con reflexiones diversas sobre la mirada que reciben las mujeres cuando desean hacer algo que no está catalogado como normal en la sociedad. Es llamativo como los hombres intentan ocupar todos los espacios, hasta los más recónditos. Abi Andrews se pregunta cómo es posible que si se considera el bosque un refugio, un escondite recóndito acaben ocupándolo hombres blancos y heterosexuales y no grupos o colectivos oprimidos.

Cada vez hay más libros de este tipo que nos sirven de referente para no sentirnos tan solas a la hora de tomar ciertas decisiones. ¿Por qué tenemos que esperar a que un hombre nos guie o nos “interprete” el track de una ruta, por ejemplo? Creo que este libro nos dará muchas pistas sobre la relación de las mujeres con la naturaleza, lo que supone adentrarse en una aventura así, el sostener la soledad, y quizás el hambre y el frío. Pero, oye, qué lindo es salir de la zona de confort y de lo que nos marcan.

Que queremos asalvajarnos, ¡adelante!

Otras lecturas:

Niadela. Beatriz Montañez

De libros y de Tinder

Lo cierto es que se me hace raro escribir las palabras “Tinder” y “Libros” en una misma frase. Oxímoron, incompatibilidad, antagonismo, ciencia ficción. Todo eso me pasa por la cabeza y, sin embargo, de ello, he parido este post.

Me creé una cuenta en Tinder con el mismo propósito que la mayoría de personas que se apuntan a una red social de este tipo (supongo) puesto que lamentablemente, entre el capitalismo (oh, si Tinder forma parte del capitalismo con el consumo de cuerpos y relaciones), el individualismo, las prisas, la insatisfacción (producida por el capitalismo) y el Covid está difícil conocer personas de manera presencial. Lo hice a pesar de haber leído El algoritmo del amor de Judith Deportail y Love me Tinder de Nuria Gomez y Estela Ortiz. Ambos ensayos me servían para confirmar algunas cosillas y descubrir otras tantas sobre lo que esconde esta aparentemente inocente App. Pero revisar y visibilizar el machismo en Tinder merecería un artículo entero.

Las estadísticas dicen que los hombres leen mucho menos que las mujeres, 56 % frente a 68,3% en 2019. Más de un 30 % de la población en España no lee nunca un libro. ¿Es, por tanto, fácil encontrar un hombre en Tinder que lea? Creo que no es necesario que os dé la respuesta amigas lectoras, vosotras lo sabéis.

Por otro lado, sin ser mi fuerte ligar, ni en la vida presencial ni en la vida online, decidí embarcarme en esta aventura virtual que me haría salir de mi zona de confort.  Tras admitirme a mí misma e intentar no autoengañarme, de que no daría apenas con hombres lectores, y que sería como intentar encontrar una trucha en un olivo, estaba abierta a otras posibilidades. Pero han sido muchas las ocasiones de frustraciones y de sentirme en un plaza de toros intentando conocer a alguien por lo que muchas veces pensé en abandonar la app. Por este, y otros motivos más relevantes si caben.

Pero cuál fue mi sorpresa descubrir que se me daba estupendamente recomendar libros, que la recomendación surgía de forma espontánea o sutil y lo que es mejor aún, mis potenciales, ¿cómo se dice? ¿crushes? compraban el libro y, lo que es más importante, lo leían.

Como diría mi amiga Nuri, podría sembrar la revolución (lectora y feminista) en Tinder. Eché cuentas y en los últimos meses los cuatro hombres con los que más había interactuado, habían comprado el libro del que yo les había hablado por lo que es posible, que se pudiera estar forjando en un entorno tan poco propicio para ello, un futuro ávido lector. Lectores que además leían libros escritos por mujeres y que podrían ser la simiente del fin de Los hombres que no leen a las mujeres.

Os comparto esas lecturas, diversas y variadas, y todas ellas  muy interesantes:

El actor de teatro se enganchó con Deseo de ser punk de Belén Gopegui.

El librero (que ya leía y menos mal), aceptó de una humilde servidora La azotea de Fernanda Trías.

El espiritual, no le hizo ascos a comenzar el año explorando momentos meditativos y de reflexión a través de Haru: cada día es una vida entera de Flavia Company.

El artista comenzó a potenciar su creatividad con Darte de comer con el plato vacío de Inma Haro.

¿Sería yo candidata a obtener un premio por la mejor campaña de Fomento de la Lectura?

Mientras aumenta el ratio de lectores en Tinder, veremos cómo evoluciona mi vida amorosa y sexual.

Aprendiz de feminista

Para G.

Al igual que Hermione Granger y Harry Potter acudieron a la escuela de Hogwarts para aprender magia, los hombres que quieran ser aliados del feminismo necesitan ponerse a trabajar y cuestionarse sus creencias, sus privilegios y abrir su mente a alternativas más justas e igualitarias tanto para mujeres como para hombres.

Conocí a G. en una excursión en un Parque Natural cercano al lugar en el que vivimos. Él estaba sentado leyendo apoyado en una gran piedra al borde del camino. Yo regresaba de camino al aparcamiento y quería saber si tomaba una bifurcación también me llevaría a mi destino. Así que me dirigí hacia el que luego conocería como G. Le hice la pregunta pertinente y al cerrar el libro para responderme, cual fue mi sorpresa que estaba leyendo Mujeres que ya no sufren por amor de Coral Herrera. Se lo había recomendado un amigo. Y me cayó simpático porque se definió como un aprendiz de feminista. Me gustó esa idea de hombres recomendando libros a otros hombres escritos por mujeres. Debería ser algo normal, no debería sorprendernos, pero a estas alturas de siglo XXI parece ser algo no fácil de encontrar, como un tiranosaurus rex.

Así que a pesar de ser tímida, respiré profundamente y me decidí a dar conversación a G. e indagar más sobre su proceso. Me senté junto a él y empezamos a charlar sobre feminismo, con una conversación de esas que fluye, en la que el tiempo pasa y los temas de los que tratar no se acaban. Llevaba mi libreta de notas encima pero no me atrevía a sacarla y apuntar cosas descaradamente para este artículo así que decidí recurrir a mi buena memoria. Cuando empezó a anochecer, aún sin haber terminado de intercambiar opiniones y pareceres, con algún otro que momento de tensión (pero de buen rollo siempre) y esperando que a él se le removieran cosas por dentro, nos levantamos y nos dirigimos al aparcamiento donde teníamos aparcados nuestros coches. Ya iba yo configurando en mi cabeza el decálogo que cualquier aprendiz de feminista necesitaría incorporar en su material de aprendizaje porque, oye, que nadie dijo que ser feminista fuera fácil como no lo es ser Harry Potter.

DECÁLOGO DEL APRENDIZ DE FEMINISTA

  1. El feminismo tiene una definición consensuada. No te inventes las que te interesen a tus circunstancias.
  2. La revolución y los cambios necesariamente van a incomodar a los privilegiados, como cualquier revolución. Asúmelo.
  3. El patriarcado y el machismo son algo estructural. No es necesario que siempre te des por aludido y personalices. Si tú no tienes determinados comportamientos y actitudes no significa que a nivel estructural no estén existiendo y siendo normalizadas.
  4. Escucha a las mujeres, abre tu mente, muestra empatía y reconoce sus experiencias y
  5. Lee libros. No esperes que ellas te lo den todo hecho y masticado.
  6. Hay mujeres expertas en muchos temas. Puede que de algunos sepan más que tú. No pasa nada. No hagas mansplaining.
  7. Sé un aliado. Apoya y no ocupes el espacio que no te corresponda. Permite que las mujeres dirijan la revolución que les corresponde.
  8. Comparte tus inquietudes con otros hombres. No fomentes ni te rías de bromas machistas y que generan violencia hacia las mujeres.
  9. Cuestiona tus creencias y la educación recibida. Otra mirada es posible.
  10. Pérmitete seguir un camino que te hará ver y vivir la vida de otra manera. El feminismo te hará mejor persona y tendrás relaciones más sanas y colaborarás en crear un mundo más justo.

Mientras repetía para mis adentros todas estas ideas que quería plasmar en el blog, G. me dio su teléfono y un abrazo muy sentido. Nos despedimos.

De esa tarde me llevé inspiración para mi escritura y reflexiones para mi vida. Espero que algún día de estos G. y yo podamos seguir teniendo conversaciones camaleónicas como las de aquel día, de esas que te cambian y transforman, de esas que en mi opinión, son conversaciones de las buenas.

Recomendaciones lectoras para aprendices de feministas:

Algunos artículos:

-A la caza del aliado o la muerte de la nueva masculinidad

-Cómo afecta el feminismo a la sexualidad masculina

-Ya no nos engañan más. Técnicas masculinas para hacer sufrir a las mujeres

Será el fin del mundo pero no de los afectos

Para J.

Cuando tenía 12 años creía que llegaría el fin del mundo con una invasión extraterrestre. No sé si se trataba de algo descabellado o dada la situación en la que estamos inmersas ahora mismo mi cabecita podría no haber ido muy desencaminada. Para llevar mejor ese miedo que me producía ser abducida en mitad de la noche por una nave ovalada llena de luces verdes y amarillas, yo no buscaba el afecto de mi madre, padre o hermanas, un afecto seguramente necesario, sino el afecto que me proporcionaban los libros. Leía.

A medida que fui creciendo, fui consciente de que el afecto tanto de las personas que yo consideraba cercanas como de los libros es algo imprescindible en la vida: el beso de tu hermana cada vez que te ve, el abrazo de tu amiga cuando estás triste, los cariños de una compañera, etc. Nunca, hasta relativamente hace poco le di un carácter político a los afectos; quizás los tenía reducido a la esfera íntima pero ahora, más que nunca, me he dado cuenta de que tenemos que convertir los afectos en una revolución, la revolución contra el sistema.

En los tiempos que corren, los afectos, desde mi punto de vista, parecen haberse convertido en algo finito en el planeta tierra. Nadie los ha prohibido, no aparecen sancionados en ninguna normativa y legislación pero tampoco nadie ha hablado de ellos, nadie les ha dado la importancia que merecen. Puedo considerarme afortunada de cómo ha sido mi confinamiento, con salud (la mía y la gente de mi alrededor), con trabajo, sin situaciones difíciles como maltrato o con peques a mi cargo, “disfrutando”, en gran medida, de mi soledad. Pero llegó un momento al final, que tenía carencias, que muy a mi pesar ni los libros lograban paliar. Necesitaba ver gente, sentirlas cercana, tocarlas, ver que eran reales y estaban ahí, que no se habían evaporado como las nubes cuando vienen precipitaciones. Siempre he sido una persona tímida e introvertida, volcada en mi mundo interior que desde fuera podría llevar a pensar que no me importan demasiado las relaciones personales y, sin embargo, salí del confinamiento con la sensación de que nos estaban quitando algo muy preciado, indispensable para una vida de calidad: los afectos de todo tipo. Y necesitamos ese sostén.

Lo he comentado en otras ocasiones, el capitalismo lo fagocita todo y ahora le interesa devorar, como una especie de Saturno contemporáneo, que la comunidad, la solidaridad, el cariño, lo común, el amor desaparezca. De alguna forma, eso haría que nos miráramos más aún si cabe el ombligo. Somos más débiles separados que en comunidad y el capitalismo nos quiere solas (ya lo decía también Coral Herrera) y para mí, lo más desolador es que parece que ni siquiera nos estamos dando cuenta.

Quiero que los afectos oKupen los espacios públicos (siendo conscientes del virus con el que estamos conviviendo). Quizás debamos ser más precavidas pero los espacios públicos son de la ciudadanía, también para los afectos. Son un derecho que deberíamos considerar irrenunciable. Sin embargo, desde hace tiempo, incluso antes de la COVID, una no puede sentarse en una plaza a conversar con sus amigas porque no hay bancos o están separados, cualquier lugar se convierte un lugar de paso; ni siquiera los lugares de paso son cómodos. ¡Cuántas aceras están invadidas por las terrazas de los bares para que no podamos estar en ese espacio sin consumir! Es realmente difícil, oKupar y oKupar sin pagar por ello (quizás en más de un sentido).

Por esto es que reivindico una política de los afectos, donde nos cuidemos, nos veamos, nos sintamos cerca física y emocionalmente, donde conversemos y generemos vínculos, donde nos escuchemos y abramos espacios de confianza al ritmo que cada persona necesitemos. Me niego a interiorizar que es una blasfemia darnos un abrazo, unos besos o estar cerca de las personas que queremos (amistades, pareja, familia, etc.) Porque siento que sí nos podemos arriesgar para aquellas actividades que beneficien al sistema pero nos limitan y dificultan aquello que supone un sostén emocional y psicológico, aquello que nos permite estar unidad, y simplemente, porque saben que así somos más peligrosas. Y llevo tiempo empezando a ver esta situación como una represión, la instauración del miedo del que habla Naomi Klein en su libro La doctrina del shock.

Para mí, una de las formas de rebelión contra este sistema, es fomentar y fortalecer los lazos afectivos y leer, leer mucho. Porque en el afecto encontraremos apoyo y en la lectura encontraremos las posibilidades, la apertura, la empatía, los mundos imaginarios y, no tanto, que nos permitirán tomar consciencia de aquello que necesitemos, que nos ayudarán a conectar con el presente, a construir la vida, otra vida ajena al sistema capitalista, a darnos la mano y querernos y cuidarnos desde la responsabilidad que también es necesaria ahora.

Quiero oKupar el espacio público, quiero oKuparlo con mis amigas, quiero oKuparlo dando un beso al chico que me gusta y quiero que nos oKupemos las unas de las otras. Cambiará la vida tal como la estamos entendiendo, no sé si por la COVID, las nevadas, los terremotos, las plagas o los ovnis tenebrosos de mi infancia.

En definitiva, que quizás será el fin del mundo pero no el de los afectos.

Cómo te deseo

Digamos que conocí a B. (por ponerle un nombre) en una acción feminista en una librería. Cuatro compañeras acudimos esa tarde con la intención visible de hojear y comprar algún libro de Annie Ernaux, Mariana Marquez o Trifonia Melibea Obono y con la intención oculta de introducir papelitos como este en libros de escritores como Pérez Reverte o Vargas Llosa.

No era el Día del Libro ni un 8-M, simplemente un día de nubes bajas y deseos altos por unas buenas lecturas.

Explorar el deseo es una de las cuestiones que más me fascinan. El deseo, que quizás deberíamos ligar al consentimiento y/o al consentimiento entusiasta en un contexto sexual, pero que en este artículo voy a mantener al margen.

Me interesa conocer qué es el deseo, cómo se construye y desde dónde. Y no puedo dejar de preguntarme qué es el deseo en un sistema capitalista porque lo que sí tengo claro es que el deseo es una construcción social. Nos dirigen el deseo aunque creamos que somos completamente libres. ¿Por qué me fijé en el librero B. y no el librero A.? ¿Qué me dice la sociedad que debo desear para encajar, para tener éxito, para ser bien vista? ¿Quiero todo eso? ¿Cuáles son mis creencias? ¿Cómo me he dejado influir? ¿Soy consciente de ellas e intento cuestionarlas?

Todas estas atribulaciones venían a mi mente mientras tenía la atención dividida entre el machirulo- escritor, el libro que quería comprar y B. Porque B. había despertado mi deseo. ¿Qué me había llamado la atención? ¿Qué peso tenía lo impuesto por el sistema y lo decidido por mí? ¿Era su juventud? ¿Era su estilo? ¿Era la forma en que preguntó “¿os puedo ayudar en algo?” ¿era la posibilidad de una mente llena de literatura y creatividad? Creo que, en ese momento, si hubiera sabido guiñar los ojos, le hubiera guiñado uno a B.

Mis compañeras seguían atareadas y yo que continuaba con mis diatribas mientras sacaba un boli del bolso, me dije: cuando vuelvas a casa relee el cuento La coraza de Concha Alós. También me vino a la cabeza Caperucita se comió al lobo de Pilar Quintana, con varios relatos en los podría analizar el tema que se había instalado en mi cabeza. También tendría que volver a La sonrisa de las ninfas de Ana Clavel y ah, Cuerpo naufrago (de la misma escritora) no lo he leído. ¡Compraré ese! Al mismo tiempo, me aseguraba de que hubiera escrito bien mi número de teléfono en uno de los papelitos de la acción feminista.

Estas habían sido algunas de mis últimas lecturas porque habitualmente la respuesta a mis preguntas existenciales y problemas las exploro a través de la literatura, porque tiene un punto de representar el mundo y reinventarlo, de ser catártica y producir éxtasis que no tiene una psicóloga. Y ahora que había deseado a B. sentía la necesidad de releer. Posiblemente necesitara hacerme también con otras lecturas más clásicas pero de momento mis principios de guerrilla literaria me llevaban hacia autoras importantes y menos reconocidas.

Cuando terminamos con nuestra acción, pasé por caja. Allí estaba B. Le miré y le sonreí. Me miró… ¿serio o tímido? 15,90 euros, me dijo. Le di 20 euros junto al papel en el que había escrito mi número de teléfono. Esperaba que, tratándose de un librero, no tirara el papel sin antes haberlo leído (también la parte de atrás).

¡Oh, sí! La sexualidad revolucionaria

Llevo varios meses dándole vueltas a este artículo. Meses de reflexión sobre la sexualidad y el sexo. Más cavilaciones al respecto que práctica, no por falta de ganas, si no, en mi caso, por la falta de hombres adecuados. Al mismo tiempo, quizás se nos hace necesario, respirar, parar el tiempo y, precisamente, poner sobre la mesa nuestras sexualidades y cuestionarla.

Voy a recomendar un par de libros (aunque, por supuesto, existen más), que realmente es de lo que trata este blog. Sin embargo, comenzaré haciendo mención a un documental que vi recientemente: Mi nombre es clítoris. En él varias chicas jóvenes responden preguntas sobre su cuerpo, sobre la construcción de su sexualidad, de las relaciones sexuales y de su rol en ellas y podemos extraer preguntas claves que todas las mujeres nos deberíamos realizar:

  • ¿Conocemos nuestro cuerpo? ¿Nos dan permiso para conocerlo? ¿Nos sentimos legitimadas a hacerlo?

  • ¿Nos responsabilizamos de nuestro placer?

  • ¿La educación sexual no debería consistir en algo más que hablar de prevención del embarazo y de enfermedades de transmisión sexual?

  • ¿Qué sucede con el consentimiento, el placer y el deseo?

Evidentemente, en función de nuestro momento vital podríamos encontrar más preguntas o sernos más útiles unas que otras. Con ello lo que queremos sugerir es que es imprescindible mirar hacia nosotras mismas, conocernos, responsabilizarnos y fomentar la comunicación abierta y honesta en pareja y rechazar aquellas relaciones sexuales donde no nos sintamos a gusto, donde nuestro compañero no esté dispuesto a hablar, a compartir, a escuchar, donde no seamos tratadas de forma igualitaria, donde nuestro placer no importe. En definitiva, alejarnos de donde no haya un hombre con ganas de cambiar el papel que también le ha dado la sociedad y el patriarcado en una relación sexual.

Partimos que en las diversas sociedades a lo largo del mundo el placer de la mujer ha estado supeditado al del hombre, la mujer sigue siendo considerada un objeto sexual, alguien que da placer al hombre. Incluso existe la idea equivocada de que lo que le gusta a los hombres les tiene que gustar a las mujeres. ¡Por supuesto que no! Ni siquiera a las mujeres les gustan las mismas cosas ni de la misma manera.

Como dice Sylvia de Bejar existe un modelo masculino de la sexualidad (también cuestionable) donde está muy claro que es lo que desean y le gusta a los hombres, que además es falo-céntrico. Pero, ¿y qué quieren las mujeres? ¿Qué les gusta? La sexóloga y escritora afirma que ese modelo nos quita poder. Nos hacen creer que estamos aquí para agradar así que nos adaptamos, nos acodamos. Nos enseñan a no pedir, a no quejarnos, a complacer. La autora, que tuvo hace unos años un gran éxito con el libro Tú sexo es tuyo (que está actualizando), nos recomienda hacernos varias preguntas:

  • ¿Me satisface a mí? ¿Me hace sentir bien?

  • ¿Se respetan mis deseos y necesidades?

  • ¿Qué hago conmigo misma? Esto nos permite saber qué nos gusta y poder comunicarlo a nuestra pareja.

  • ¿Son tuyas las dificultades o son las dificultades que te han impuesto?

La sexualidad deberíamos vivirla con naturalidad, sin normas impuestas y buscar un orgasmo (si se desea, tampoco es obligatorio aunque nos hagan creer que sí) revolucionario. Cada día puede ser diferente, me pueden apetecer cosas diferentes o lo que me gusta un día no me gusta otro.

Un libro muy interesante que hace un recorrido histórico y cultural por la historia de la vulva y la sexualidad es el cómic de Liv Strömquist titulado El fruto prohibido que nos abrirá los ojos sobre la visión que se ha tenido de la mujer en el ámbito de la sexualidad.

Otro libro en formato cómic es Sex ¡oh! Mi revolución sexual de Lyona que habla del placer, del clítoris, de la menstruación, que intenta hacer ver lo absurdo (que dejan fuera del placer a las mujeres) de algunas prácticas sexuales (heterosexuales) cuando todo el sexo se reduce a eso.

Como siempre decimos, las lecturas nos dan una visión más amplia, nos permite conocer y acercarnos a otras formas de ver y estar en el mundo y, en este caso, de disfrutar la sexualidad sola o en compañía.

En conclusión:

  • Sé tu misma.

  • Conócete.

  • Si tienes pareja, comparte sensaciones, emociones, gustos, apetencias. El sexo hablado es muy importante y también es sexo.

  • Responsabílizate de tu placer.

  • Respeta tu cuerpo y tus necesidades.

  • Respeta quién crees que eres tú.

Otras lecturas:

El placer de María Hesse

Vagina de Naomi Wolf

Los monólogos de la vagina de Eve Ensler

Deseo de Sylvia de Béjar

Conversaciones sobre la escritura. Ursula K. Le Guin con David Naimon

Ursula K. Le Guin fue una escritora de ciencia ficción y género fantástico que falleció recientemente, en 2018. Ha dejado un legado impresionante de novelas, cuentos, ensayos y poemarios. Destacan, entre otros, Los desposeídos o La mano izquierda la oscuridad.

En Conversaciones sobre la escritura, Ursula K. Le Guin charla con David Naimon sobre narrativa, poesía y ensayo y da su visión lúcida sobre diferentes cuestiones. Es un libro que podría leerse conjuntamente con Contar es escuchar, de la misma autora.

Dice David Naimon que Ursula es una escritora de la imaginación, que es la que hace que seamos lo que somos. Su primera impresión de ella fue la de una persona con aplomo que no soporta las personas idiotas. También es una persona que, a pesar de su fama y sus premios, ha intentado seguir publicando en editoriales pequeñas e independientes y dar voz a las personas que sitúan en las periferias de la norma.

En cuanto a la narrativa y la capacidad de escribir, la autora afirma que son necesarias herramientas, y que el plagio puede ser útil para aprender (no para publicar). Por supuesto, es imprescindible leer, pero leer buenos textos.

Además, habla de la importancia del ritmo a la hora de escribir y del esqueleto y armonía de las frases. Una cuestión que también trata y contra la que lucha es la de lo que ellos llama los “capos de la gramática” y cuestiona (dentro de la gramática inglesa) que se utilice el masculino como genérico para incluir el femenino y dice: “Si lo masculino incluye lo femenino y lo femenino no incluye lo masculino, el mensaje es claro y tiene implicaciones sociales y morales de gran envergadura. Por lo que no tenemos que usar el masculino genérico como norma, tenemos alternativas, así que… ¿Por qué no usarlas?” Aquí podemos ver la importancia del lenguaje en cuanto a cómo entendemos el mundo, como reforzarnos nuestra visión de él o cómo intentarnos cambiarlo para que sea más justo. Añade además: “No podemos reestructurar la sociedad sin reestructurar el lenguaje”. Esta necesidad de cambio en el uso del lenguaje se puede ver en su obra Los desposeídos donde no existen los pronombres posesivos. Por otro lado, cree que si pudiera, reescribiría La mano izquierda de la oscuridad (1968) ya que considera insatisfactorio que tuviera que referirse en masculino a personas sin género que aparecen en la novela.

Otro tema que toca es el de la mercantilización de la escritura y las decisiones que se toman sobre un libro, que poco tienen que ver con el arte y sí con las ventas así como el planteamiento del conflicto en una novela o relato. Aprovecha asismimo para analizar la escritura de autoras como Virginia Woolf o Grace Paley y habla de su interés por el budismo y taoísmo y cómo lo aplicó a la escritura (La rueda celeste)

En cuanto a poesía se analizan diferentes poemas, la musicalidad, de nuevo el ritmo y las reivindicaciones. Por ejemplo, en su libro Late in the Day que aparentemente podría tratarse de un libro sin connotaciones políticas, ella misma se pregunta “¿cómo se puede escribir un libro sobre naturaleza sin “política”? Según David Naimon este libro podría abogar por el silencio, la calma y la idea de comunidad como un acto radical.

En esta parte también cuestiona como “los hombres suelen acaparar los focos y nosotras como que nos toca pelearnos para que los hombres vean a las mujeres”.Lo hace en relación a su traducción de la obra de la chilena Gabriela Mistral. Le sorprende la gran fama que adquirió Pablo Neruda, y que Mistral quedara siempre en un segundo plano.

Por último, en cuanto a la parte dedicada al ensayo, me gustaría destacar como Ursula K. Le Guin, aunque no está en contra de las ideas y de la intelectualidad per se, sí que se aleja de ellas si adoptan visos de moralina, superioridad o se quedan en meras opiniones.

También le da un espacio a la importancia de la imaginación y como la educación que recibimos hace que se atrofie o se trate con desdén.

Asimismo habla de la apropiación de las voces en la literatura y de qué le sugiere escribir desde el punto de otra raza o género diferente al suyo. Por otro lado, menciona las diferentes manera que existen para que las mujeres desaparezcan del canon literario (denigración, omisión, excepción y desaparición y que leyó en un libro titulado “Abuelas que desaparecen”.

En conclusión, estamos ante un libro conciso y breve pero que saca a relucir algunas de los principales pensamientos y formas de trabajar de esta gran escritora. Si queréis saber más de ella, además de leer sus libros es muy recomendable el documental “Los mundos de Ursula K. Le Guin”.

 

Pioneras del punk

Hace años, en un post ya expliqué esos comentarios machistas referidos a la literatura en la que, principalmente, los hombres, no les extraña que tengas una mesa llena de libros escritor por hombres (parece ser lo más normal) pero sí les bizquea el ojo si todos los libros los escribieron mujeres (¡qué cosa más extraña! ¿A quién se le ocurre?

Algo similar sucede si hablamos de compartir y hablar de música. Así que este libro al que dedicamos este artículo es un gran tributo a aquellas mujeres que jugaron y siguen jugando grandes papeles en el ámbito musical, concretamente en el punk.

Pioneras del punk. God seave the queens

El punk surgió a finales años 70 (dos de los países más representativos fueron Gran Bretaña y Estados Unidos) para poner fin a una época, la hippy, caracterizada por el hedonismo. Aunque en cada país puede tener características particulares o haber surgido en un contexto determinado, sí, en general, fue un movimiento revolucionario, transgresor y reivindicativo caracterizado por los lemas No future y Do it yourself. Este movimiento también estuvo asociado a una estética muy particular y sus proclamas tenían que ver, como cualquier movimiento cultural o artístico que de alguna manera no puede estar desligado del contexto político y social, con el desencanto, la precariedad, la falta de oportunidades, etc.

God Save the Queens es un libro de entrevistas realizadas por Cristina Garrigós, Nuria Triana y Paula Guerra a diversas cantantes que formaron parte de grupos de música punk del ámbito hispano-portugués y fueron pioneras: Alice Bag de The Bags; Ana da Silva de Raincoatst; Begoña Astigárraga de The Vulpes; Ondina Pires de Ezra Pound e a Locura, Pop Dell’Arte y Great Lesbian Show; Palmolive de Slits y Raincoats; Silvia Escario de Último Resorte y Tere González de Desechables.

Las cantantes que entrevistan las autoras dan su opinión sobre lo que significa el punk para ellas, de lo que supuso la aparición del punk en la escena musical del momento y también del papel que jugaron las mujeres.

Alice Bag considera el punk como algo que tiene el poder de destruir y crear a través de la creatividad para destruir el sistema patriarcal blanco y hacerlo más inclusivo. Y eso, es posiblemente, lo que hicieron muchas de estas mujeres.

Según ella, este movimiento contestatario se rebelaba contra el capitalismo, el negocio de la música y abogaba por el “háztelo tu misma”, una autogestión de las actividades que también reivindicaba Begoña Astigárraga. Se hacían o arreglaban sus propias ropas pero también consideraban que sabiendo un par de acordes de guitarra y con ganas de cantar también era posible subirse a un escenario. Para Alice Bag,

el punk “le permitía a las mujeres ser seres humanos completos que podían celebrar sus propios impulsos creativos y/o sexuales”.

Por su parte, Ana da Silva lo entendía como una música “relacionada con el alma, con explorar ideas y hablar de la sociedad”. Intenta también alejar el punk de los excesos a los que se le asociaba que bien cierto que existían no siempre es bueno caer en estereotipos. Para las personas que frecuentaban estos ambientes, el punk les permitía expresarse a su manera, hablar de política, de machismo, racismo o de ecología e intentar crear un mundo más justo y mejor.

Silvia Escario resalta como características del punk el humor y la ironía y también el atrevimiento, muchas veces relacionado con los atuendos y vestuarios con los que salían al escenario a cantar. También menciona que en el ámbito punk

no se pensaba en casarse, así de romántico era el punk, ningún papel nos atará para siempre, la relación durará lo que tenga que durar, de forma generalizada y gracias a los anticonceptivos, follábamos sólo por placer, no para concebir, traer hijos propios a este mundo para que fueran unos infelices…”

En definitiva, este libro de entrevistas, centrado en lo profesional, puede ser una forma de acercarse de primera mano a cómo vivían las mujeres su papel en el ámbito musical: que formaran parte de grupos, que hubiera grupos exclusivamente de chicas. Podemos hacernos una idea de las dificultades, desigualdades y oportunidades que se les presentaba en este mundo y cómo ellas siempre fueron mujeres que hicieron lo que desearon y que no se dejaron amedrentar.

COVID-19. Menos banalidades y más lectura crítica

Treinta días de “encarcelamiento domiciliario” a cuenta del COVID-19. Hemos visto la luna creciente, llena, menguante y nueva. Treinta días de aplausos en los balcones y terrazas, memes, videos graciosos y un sin fin de relleno y otra vez a empezar una nueva fase. Hartazgo, cabreo y, a veces, tristeza (tenemos derecho a la tristeza como reivindica Octavio Salazar) de tanto postureo. ¡Postureo, sí! Que no sé si terminará en el Instagram pero postureo al fin y al cabo. Nos estamos dejando arrasar por lo banal y lo superficial.

Creo que aparte de aquellas pequeñas cosas en el día a día que necesitemos para sentirnos bien y sobrellevar este confinamiento –que es una emergencia y no un triunfo como comenta el filósofo Josep Ramoneda-, de la mejor manera posible , es imprescindible una reflexión y crítica colectiva de lo que podemos esperar o nos espera cuando volvamos  a la supuesta normalidad en la que vivíamos.

amnesicsTenemos que ser conscientes de que a nivel social hemos dado prioridad a la seguridad frente a la libertad. Y no hemos dicho ni pío… eso se lo dejamos a los pajaritos. A la escritora Géraldine Schwarz, autora de Los amnésicos, le sorprende que se haya renunciado con tanta facilidad a un derecho básico y es, por tanto, una cuestión que le asusta (su punto de partida es que la libertad se aprende) ya que la libertad no es un derecho que se tenga ganado para el infinito de los tiempos, sino que siempre hay que estar pendiente de que no pretendan quitárnosla. La escritora además pone de relieve que las normas de confinamiento han sido aprobadas por el casi 100 % de la población sin apenas voces críticas en los medios y que se fomenta como positivo lo bien ha gestionado la situación un país con una dictadura como es China, cuando en los países democráticos se debería desear estar lejos de ese tipo de comparaciones. También se pregunta si las normas son proporcionales a la amenaza (pone en duda algunas de las llevadas a cabo en España). De hecho, las normas de confinamiento han variado según países teniendo en cuenta su forma de entender la democracia y la libertad y el peligro que supone alargar esta situación, es decir, una gestión sanitaria como esta, no está separada de unas ideas políticas.

Por su parte, la filósofa Marina Garcés considera que el control social será emarinal gran vencedor, justificado en aras de la seguridad. Si el miedo triunfa (y los policías de balcón) acabaremos en una sociedad autoritaria donde prevalecerá la exclusión y la desigualdad, y aunque no se menciona explícitamente, afectará en mayor medida a las mujeres (por ejemplo, mayor pobreza, mayor carga de trabajo de cuidados),  una opinión que también comparte el antes mencionado Josep Ramoneda que dice “La historia demuestra que se sabe cuándo empiezan las restricciones de libertades pero no cuándo acaban”.

Un control social, que considero ya están intentando (o haciendo más grande el que ya tenían) algunas grandes empresas (BBVA, Telefónica, Santander, Iberdrola, Inditex). ¿Somos tan ingenuas para pensar que realmente las donaciones que han realizado estas multinacionales de material de primera necesidad para el COVID-19 son realmente altruistas? ¿No esperarán conseguir algún tipo de beneficio político, económico y comercial que reclamarán como legítimo tan pronto como puedan aldoctrina gobierno de turno (al que demasiadas veces le interesa este tipo de acuerdos)? Desde hace tiempo vivimos en una sociedad capitalista, neoliberal y extremadamente individualista que se rige por la privatización y el corporativismo y este tipo de crisis son el trampolín para que emergan o se solidifiquen las ideas neoliberales. Naomi Klein lo explica a la perfección en La doctrina del shock y en algunas entrevistas que ha concedido recientemente. El pánico que genera cualquier crisis (guerra, terrorismo, huracán, pandemias, etc.) son un perfecto caldo de cultivo para someter a la ciudadanía e introducir en el sistema las políticas económicas (siempre de libre mercado) que más favorezcan a los de siempre, es decir, a las multinacionales y a los ricos y poderosos.

En mi opinión, en cierto modo, ahora mismo, estamos siendo domesticadas y amansadas y creo que se está sembrando el miedo dentro de nosotras. También a través del lenguaje, ese lenguaje inoportuno, inexacto, mal empleado, pero efectivo y efectista: el lenguaje bélico, de héroes, donde, siguiendo su lógica tiene que haber vencedoras y vencidas, un lenguaje sumamente agresivo en los medios de comunicación, que se contagia y que supongo se utiliza que con el fin también de intimidar. ¿Quién no tiene miedo a una guerra?  Yo bajo a tirar la basura o a hacer la compra y aunque la calle esté desierta, me siento observada, siento ansiedad y cierta congoja. Camino con prisa (más allá de que me apetece estirar las piernas), encogida, nerviosa. ¡No es normal! ¡No debería parecernos normal! Podría ser normal en el sentido de que nunca nos hemos visto en una situación similar antes y debemos acostumbcriadararnos. Ahí está también la trampa.

Me veo casi siendo un personaje de la novela de Margaret Atwood, El cuento de la criada.Y no me gusta que nuestra sociedad puede llegar a tener cierta similitud con la descrita en dicho libro, en gran parte, por supuesto, por lo que nos supondría a las mujeres; no creo que a nadie que haya leído el libro o visto la serie le agradara lo más mínimo.

Ademariamás, Simone de Beauvoir también en su momento afirmó que toda crisis siempre trae recortes o negación de derechos y libertades para las mujeres. Lo que significa, que a pesar de ser la mitad de la población del planeta, somos susceptibles de estar en peores condiciones a partir de la situación actual, condiciones que se agravan, si tenemos en cuenta la clase social, la religión, la diversidad funcional, la orientación sexual o si hablamos de mujeres “exiliadas por el neoliberalismo” (expresión utilizada por la activista y feminista boliviana María Galindo). ¡Así que cuidado!

Por estos motivos, creo importante leer, la cultura y estar bien informadas. Le damos poca importancia, pero la realidad es que históricamente siempre que se han perpetrado guerras, aparte de todos los asesinatos, torturas, violaciones de mujeres y otras barbaridades, algo que siempre se lleva a cabo es destruir el acervo cultural del país, comunidH404862ad, grupo o tribu atacada e invadida. En nombre, en muchas ocasiones, de la libertad y la democracia, se han pulverizado bibliotecas, obras de arte o museos. ¿Nos parece ahora tan imposible Fahrenheit 451 de Ray Bradbury? ¿Queremos que vuelva a suceder? A lo largo de la historia, además, he visto que las creaciones literarias, y artísticas en general, de las mujeres han sido ocultadas, invisibilizadas y ninguneadas. Está costando muchísimo esfuerzo volver a traer al lugar que se merece la Herstory así que no nos podemos perder el lujo de volver a perderla.

Creemos que las distopías son una especie de fantasía pero recurriendo a un lugar común: la realidad a veces supera la ficción. De hecho estoy empezando a escribir un relato sobre ello, no sé si con connotaciones terapéuticas o de otro tipo pero el cuerpo me pide una historia que narre qué sucedería si a raíz de este confinamiento, en un futuro, las mujeres perdieramos la liberdad, no sólo de movernos solas sino de vivir solas o con otras mujeres. Imagino (con horror) una sociedad donde las mujeres son obligadas a vivir virginiacon un hombre: marido, hijo, hermano o regresar a casa de los padres. Si no fuera posible, se las obligaría a ir a un centro para su reinserción, ¿a través del Tinder? Mientras, paralelamente, un grupo de expertas, en una sede, planean viajes en el tiempo para recuperar (otra vez) los libros escritos por mujeres y que fueron saqueados, destruidos u ocultados, concretamente en esta historia: Una habitación propia de Virginia Woolf, Libros que nunca llegaron a las mujeres de esa sociedad y cuya lectura les llevaría a reivindicar de nuevo la libertad. ¿Es una idea descabellada? Espero que sólo sea eso, mi relato distópico en tiempos del coronavirus.

El pasado 10 y 11 de abril se convocó un apagón cultural en las redes sociales. El sector está bajo mínimos y no atisban que reciban ayudas para salir de esta situación, como lo recibirán personas que trabajan en otros sectores. No hay nada más parecido a un rebaño que una sociedad a la que no se le permita el acceso a la cultura. Necesitamos además una cultura accesible para todo el mundo independientemente de sus posibilidades económicas. Si somos una ciudadanía sin cultura, harán de nosotras lo que quieran. ¡Viva la oveja negra!

Esperemos que como sociedad esto nos sirva para ser lectores y no sólo lectores, sino también críticos; para ser personas más solidarias, que fomentan la amistad y lo valioso de compartir y cooperar; apoyemos y unámonos para transformar el mundo. Ni siquiera volver al de antes, o partir, en todo caso, de lo que teníamos para cambiarlo, porque estamos viviendo en una sociedad llena de violencia, privilegios y poder para una minoría, desigualdad, exclusión, injusticia, xenofobia, machismo y no debeos permitir que esa situación se intensifique y se convierta en muchas de las distopías que leemos. No permitamos que los gobiernos ni las empresas nos manipulen y nos utilicen como sus marionetas para enriquecerse y alcanzar el poder. ¡No a una sociedad capitalista y patriarcal! Además, la revolución será feminista o no será.

índice

Lecturas distópicas:

Las hijas de Egalia de Gerd Brantenberg.

El sueño de la sultana de Rokeya Sakhawat Hossain.

Las cosas que perdimos en el fuego (relato) de Mariana Márquez.

Mujer al borde del tiempo de Marge Piercy.

La mano izquierda de la oscuridad de Ursula K. Leguin.

Los desposeídos. Ursula K. Leguin.

El país de las mujeres de Gioconda Belli.

Binti de Nnedi Okorafor

Herland. Charlottte Perkins-Gilman.

Distópicas (libro de relatos).

Poshumanas (libro de relatos).

Parentesco de Octavia E. Butler.