Citas con libros

El último chico con el que estuve un tiempo quedando para conocernos tenía la lectura como afición común a mí. Cuando quedaba con él, me gustaba llegaleeme mas fuerter después porque sabía que le encontraría leyendo. Siempre llevaba un libro en la mochila y cuando estaba en una cafetería o en el parque, leía. A mí me encantaba entrar, por ejemplo, en una chocolatería, localizarle con la mirada y, desde lejos, observarle: su postura que solía ser con la mano derecha apoyada en la sien y con una medio sonrisa en lacara, si abría mucho el libro o era cuidadoso con las páginas, si se distraía mirando a la gente de alrededor, si hacía gestos, si miraba el móvil, etc. A veces, me quedaba unos segundos allí, retrasando el momento de encontrarme con él, dejando que mis ojos retuvieran cada detalle de la escena básicamente porque me parecía extremadamente sensual y porque sabía que esa imagen me haría más agradable, todavía más,  el día con él.

Los libros siempre me han parecido un objeto muy sexy como parte del juego de la seducción, un juego que puede y debe estar alejado de esa idea machista de un juego de poder, de acoso (en algunas situaciones), de cesiones, de manipulaciones y poses que nos han trasmitido de pequeñas, un juego al que todas sabemos cómo se juega y al que a veces jugamos por inercia. Yo abogo por una seducción sana, en condiciones de igualdad, sin juegos manipuladores, ni tonterías… y si hay un libro o varios de por medio, mejor que mejor.

Esta seducción, que para no engañarnos, la mayoría de las ocasiones termina cuando creemos tener conquistada (término horroroso, por cierto) a la otra persona o ella a nosotras. Sin embargo, creo que en una relación que continúa en el tiempo, en las parejas estables o en los matrimonios, en la convivencia, de una manera u otra, la seducción tendría que ser una parte más del cuidado y del estímulo de la relación porque ya lo dijo Betty Friedan: Ninguna mujer ha tenido un orgasmo limpiando el suelo de la cocina”.

Seducir con libros despierta no sólo nuestro cuerpo sino también nuestra mente. Flavita Banana utilizflavita leera mucho este elemento en sus viñetas gráficas y desde que las leí las tengo muy presentes en mi vida (buscadla, por favor). ¿Cómo no seguir el juego a alguien que te propone ir a leer a la cama con él? ¿O por qué no proponérselo tú a él? Yo lo hice al chico de la chocolatería. flavitaOs puedo asegurar que descoloca y si él es capaz de seguir el juego, aún no teniendo claro qué parte es real y qué parte es ficción, la conversación se convierte en algo sensual, original, en definitiva, en algo dónde lo erótico, lo placentero y lo sexual no está solo en un cuerpo. ¿Leemos en la cama juntos una novela? Quizás eso sólo nos conviene (y nos da tiempo) si construimos una relación duradera en el tiempo. Quizás mejor un libro de poemas, que son breves, por si luego cada uno decidimos seguir nuestro camino separados porque ya lo decía la activista, escritora y feminista estadounidense Gloria Steinem, autora de Mi vida en la carretera :una mujer sin un hombre es como un pez sin bicicleta” o Kate Millet que afirmaba que  “El amor ha sido el opio de las mujeres”. Está claro.

Charles Bukowski, al que podemos tildar de machista, tenía también una afirmación, que a mí personalmente me entusiasma, adaptándola a mi sentir: “Follar la mente de una mujer es un vicio refinado para los entendidos; todos los demás se conforman con el cuerpo”. Para mí, la seducción, el sentir atracción no es sólo algo físico, de hecho, no me gusta que me cosifiquen o que me vean o me cataloguen como una herramienta para dar placer. También tengo deseo, también busco sentir placer y recibirlo, por ello, el hecho de que en este caso, un hombre, tenga interés en seducirme intelectualmente, de hacer que me derrita a nivel intelectual, o poder hacer yo lo mismo (suerte si no he dado con una ameba) me resulta de lo más erotizante, algo que yo vivo mucho mediante los libros pero que me gusta que esté en el día a día, en lo cotidiano, en el gesto o en la palabra más trivial.

El director de cine John Waters participó en una campaña de promoción de la lectura que decía algo así como: “Tenemos que hacer que los libros sean divertidos gopeguide nuevo. Si vas a casa de alguien y no tiene libros, no folles con él”. ¡Me encanta! Es algo que se hubiera tenido presente a lo largo de mi vida posiblemente tendría que haber renegado de la mayoría de mis relaciones. Salvaría a tres hombres. Y si tengo que tener en cuenta, si han leído algún libro escrito por mujeres o muestran algún interés en ello, sólo “dejaría con vida” al chico de la chocolatería, que leía con buenos ojos a Belén Gopegui (a estos no hay que dejarlos escapar). Aunque nunca es tarde para tener en cuenta la cita del director.

Leo mucho, una media de cien libros al año. La lectura forma parte de mi vida, desde que aprendí a leer. Es una forma que escogí para entender y transformar el mundo (junto con la escritura) que tiene mucha similitud, salvando mucho las distancias, claro, con Ana María Matute, que en una ocasión dijo: “Escribir para mí, no es una profesión, ni siquiera una vocación. Es una manera de estar en el mundo, de ser; no se puede hacer otra cosa. Se es escritor. Bueno o malo, ya es otra cuestión”.

Aunque no todo el mundo lo considera una afición interesante, ni algo a valorar en una personemmaa. Me han llamado desde ratona de biblioteca hasta gafapasta y me han insinuado irónicamente (o no tanto) la necesidad que tengo de comprar y tener libros en casa. Es posible que me pillaran siendo demasiado joven o inocente pero ahora les diría, adaptando una cita de la activista y oradora anarquista Emma Goldman “si no puedo leer, no es mi revolución”. Y les daría puerta. Y además, les añadiría, emulando ( también versión adaptada de la cita) a la ingeniosa escritora Dorothy Parker:

“Tengo un apartamento pequeño. Apenas tengo espacio para dejar mi bolso y todos mis libros. No me caben los amantes”.

dorothy+

Es posible que muchos de estos comentarios negativos que trasladan, desde luego, inseguridad y miedo al conocimiento, a la inteligencia, al saber y la independencia del pensamientos y a la capacidad crítica, más si es en una mujer, más si es en una mujer con la que un hombre quiero acostarse o tener una relación, tengan que ver con esas mujer peligrosasafirmaciones que se han hecho a lo largo de la historia que dicen que “Las mujeres que leen son peligrosas” (libro además de Stefan Bollman) y “Las mujeres que escriben también son peligrosas”. Creencias que llevaron en su momento a prohibir el acceso a la educación, a la cultura y a la escritura a las mujeres.

Con el tiempo, me he dado cuenta de que esto sigue vigente aunque nos parezca disparatado y nada más cercano a nuestro tiempo esa cita de la ensayista francesa mujer rotaSimone de Beauvoir “No te enamores de una mujer que lee, de una mujer que siente demasiado, de una mujer que escribe, de una mujer así… jamás se regresa”. Los hombres tienen miedo a las mujeres que consideran “demasiado” para ellos. Yo les digo a esos hombres; no tengáis miedo de las mujeres que leen, de las mujeres inteligentes. Dadles su espacio, caminad junto a ellas, apoyadlas, no las piséis; es maravilloso poder tener mujeres así en vuestra vida y porque…, en cualquier caso, “No hay barrera, cerradura, ni cerrojo que puedas imponer a la libertad de mi mente” (Virginia Woolf)

Otras recomendaciones lectoras:

Sex Oh! Mi revolución sexual de Lyona.

Pleasure activism de adrienne maree brown.

El fruto prohibido de Liv Stromquist.

Te puedo: la fantasía del poder en la cama de Analía Iglesia y Marta Zhein.

El algoritmo del amor: un viaje a las entrañas de Tinder de Judith Duportail.

**Agradecimientos por algunas de las frases y citas a Chus y Sofía.

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