Cómo te deseo

Digamos que conocí a B. (por ponerle un nombre) en una acción feminista en una librería. Cuatro compañeras acudimos esa tarde con la intención visible de hojear y comprar algún libro de Annie Ernaux, Mariana Marquez o Trifonia Melibea Obono y con la intención oculta de introducir papelitos como este en libros de escritores como Pérez Reverte o Vargas Llosa.

No era el Día del Libro ni un 8-M, simplemente un día de nubes bajas y deseos altos por unas buenas lecturas.

Explorar el deseo es una de las cuestiones que más me fascinan. El deseo, que quizás deberíamos ligar al consentimiento y/o al consentimiento entusiasta en un contexto sexual, pero que en este artículo voy a mantener al margen.

Me interesa conocer qué es el deseo, cómo se construye y desde dónde. Y no puedo dejar de preguntarme qué es el deseo en un sistema capitalista porque lo que sí tengo claro es que el deseo es una construcción social. Nos dirigen el deseo aunque creamos que somos completamente libres. ¿Por qué me fijé en el librero B. y no el librero A.? ¿Qué me dice la sociedad que debo desear para encajar, para tener éxito, para ser bien vista? ¿Quiero todo eso? ¿Cuáles son mis creencias? ¿Cómo me he dejado influir? ¿Soy consciente de ellas e intento cuestionarlas?

Todas estas atribulaciones venían a mi mente mientras tenía la atención dividida entre el machirulo- escritor, el libro que quería comprar y B. Porque B. había despertado mi deseo. ¿Qué me había llamado la atención? ¿Qué peso tenía lo impuesto por el sistema y lo decidido por mí? ¿Era su juventud? ¿Era su estilo? ¿Era la forma en que preguntó “¿os puedo ayudar en algo?” ¿era la posibilidad de una mente llena de literatura y creatividad? Creo que, en ese momento, si hubiera sabido guiñar los ojos, le hubiera guiñado uno a B.

Mis compañeras seguían atareadas y yo que continuaba con mis diatribas mientras sacaba un boli del bolso, me dije: cuando vuelvas a casa relee el cuento La coraza de Concha Alós. También me vino a la cabeza Caperucita se comió al lobo de Pilar Quintana, con varios relatos en los podría analizar el tema que se había instalado en mi cabeza. También tendría que volver a La sonrisa de las ninfas de Ana Clavel y ah, Cuerpo naufrago (de la misma escritora) no lo he leído. ¡Compraré ese! Al mismo tiempo, me aseguraba de que hubiera escrito bien mi número de teléfono en uno de los papelitos de la acción feminista.

Estas habían sido algunas de mis últimas lecturas porque habitualmente la respuesta a mis preguntas existenciales y problemas las exploro a través de la literatura, porque tiene un punto de representar el mundo y reinventarlo, de ser catártica y producir éxtasis que no tiene una psicóloga. Y ahora que había deseado a B. sentía la necesidad de releer. Posiblemente necesitara hacerme también con otras lecturas más clásicas pero de momento mis principios de guerrilla literaria me llevaban hacia autoras importantes y menos reconocidas.

Cuando terminamos con nuestra acción, pasé por caja. Allí estaba B. Le miré y le sonreí. Me miró… ¿serio o tímido? 15,90 euros, me dijo. Le di 20 euros junto al papel en el que había escrito mi número de teléfono. Esperaba que, tratándose de un librero, no tirara el papel sin antes haberlo leído (también la parte de atrás).

Deja una respuesta

Introduce tus datos o haz clic en un icono para iniciar sesión:

Logo de WordPress.com

Estás comentando usando tu cuenta de WordPress.com. Salir /  Cambiar )

Imagen de Twitter

Estás comentando usando tu cuenta de Twitter. Salir /  Cambiar )

Foto de Facebook

Estás comentando usando tu cuenta de Facebook. Salir /  Cambiar )

Conectando a %s