Naturaleza es nombre de mujer

A veces, cuestionarse cosas o reflexionar sobre nuestra vida surge de las situaciones más absurdas o surrealistas. Estoy sentada al sol, con un libro en la mano, un libro rojo cuya portada absorbe mi atención y que se titula La importancia de no entenderlo todo de Grace Paley.

N. y yo estamos en El Caracolero, una residencia artística en Torralba de Ribota. Queremos poner una lavadora antes de marcharnos y dejar las sábanas que hemos usado limpias. La lavadora está llena. Me surge de la duda de si es ético, invasivo o quién sabe qué, lavar y tender los calzoncillos y calcetines de un tipo muy simpático y divertido, el propitario de la casa, que solo conocemos desde hace tres días.

La diatriba ética dura poco tiempo. No tiene ninguna importancia. Hay que ser atrevida y por algún lado hay que salir de la zona de confort en el ámbito rural (naturaleza, campo, montaña).

Ser mujer en un pueblo no tiene que ser fácil. Querer apañártelas por tu cuenta en medio del campo o la naturaleza por tu cuenta tampoco.

Abi Andrews lo relata en Naturaleza es nombre de mujer. Resulta desconcertate, aún hoy día, que una mujer quiera apartarse de la sociedad y adentrarse en la naturaleza salvaje. También afirma que el hecho de que una mujer tengo una naturaleza salvaje no se considera como sinónimo de autonomía y libertad sino que se considera una clase de fiebre irracional. No tiene el mismo significado un hombre que una mujer en la naturaleza.

En este libro la autora narra su estancia sola en unos bosques de Alaska. Intercala tanto la descripción propia del viaje y la estancia con reflexiones diversas sobre la mirada que reciben las mujeres cuando desean hacer algo que no está catalogado como normal en la sociedad. Es llamativo como los hombres intentan ocupar todos los espacios, hasta los más recónditos. Abi Andrews se pregunta cómo es posible que si se considera el bosque un refugio, un escondite recóndito acaben ocupándolo hombres blancos y heterosexuales y no grupos o colectivos oprimidos.

Cada vez hay más libros de este tipo que nos sirven de referente para no sentirnos tan solas a la hora de tomar ciertas decisiones. ¿Por qué tenemos que esperar a que un hombre nos guie o nos «interprete» el track de una ruta, por ejemplo? Creo que este libro nos dará muchas pistas sobre la relación de las mujeres con la naturaleza, lo que supone adentrarse en una aventura así, el sostener la soledad, y quizás el hambre y el frío. Pero, oye, qué lindo es salir de la zona de confort y de lo que nos marcan.

Que queremos asalvajarnos, ¡adelante!

Otras lecturas:

Niadela. Beatriz Montañez

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