¡Oh, sí! La sexualidad revolucionaria

Llevo varios meses dándole vueltas a este artículo. Meses de reflexión sobre la sexualidad y el sexo. Más cavilaciones al respecto que práctica, no por falta de ganas, si no, en mi caso, por la falta de hombres adecuados. Al mismo tiempo, quizás se nos hace necesario, respirar, parar el tiempo y, precisamente, poner sobre la mesa nuestras sexualidades y cuestionarla.

Voy a recomendar un par de libros (aunque, por supuesto, existen más), que realmente es de lo que trata este blog. Sin embargo, comenzaré haciendo mención a un documental que vi recientemente: Mi nombre es clítoris. En él varias chicas jóvenes responden preguntas sobre su cuerpo, sobre la construcción de su sexualidad, de las relaciones sexuales y de su rol en ellas y podemos extraer preguntas claves que todas las mujeres nos deberíamos realizar:

  • ¿Conocemos nuestro cuerpo? ¿Nos dan permiso para conocerlo? ¿Nos sentimos legitimadas a hacerlo?

  • ¿Nos responsabilizamos de nuestro placer?

  • ¿La educación sexual no debería consistir en algo más que hablar de prevención del embarazo y de enfermedades de transmisión sexual?

  • ¿Qué sucede con el consentimiento, el placer y el deseo?

Evidentemente, en función de nuestro momento vital podríamos encontrar más preguntas o sernos más útiles unas que otras. Con ello lo que queremos sugerir es que es imprescindible mirar hacia nosotras mismas, conocernos, responsabilizarnos y fomentar la comunicación abierta y honesta en pareja y rechazar aquellas relaciones sexuales donde no nos sintamos a gusto, donde nuestro compañero no esté dispuesto a hablar, a compartir, a escuchar, donde no seamos tratadas de forma igualitaria, donde nuestro placer no importe. En definitiva, alejarnos de donde no haya un hombre con ganas de cambiar el papel que también le ha dado la sociedad y el patriarcado en una relación sexual.

Partimos que en las diversas sociedades a lo largo del mundo el placer de la mujer ha estado supeditado al del hombre, la mujer sigue siendo considerada un objeto sexual, alguien que da placer al hombre. Incluso existe la idea equivocada de que lo que le gusta a los hombres les tiene que gustar a las mujeres. ¡Por supuesto que no! Ni siquiera a las mujeres les gustan las mismas cosas ni de la misma manera.

Como dice Sylvia de Bejar existe un modelo masculino de la sexualidad (también cuestionable) donde está muy claro que es lo que desean y le gusta a los hombres, que además es falo-céntrico. Pero, ¿y qué quieren las mujeres? ¿Qué les gusta? La sexóloga y escritora afirma que ese modelo nos quita poder. Nos hacen creer que estamos aquí para agradar así que nos adaptamos, nos acodamos. Nos enseñan a no pedir, a no quejarnos, a complacer. La autora, que tuvo hace unos años un gran éxito con el libro Tú sexo es tuyo (que está actualizando), nos recomienda hacernos varias preguntas:

  • ¿Me satisface a mí? ¿Me hace sentir bien?

  • ¿Se respetan mis deseos y necesidades?

  • ¿Qué hago conmigo misma? Esto nos permite saber qué nos gusta y poder comunicarlo a nuestra pareja.

  • ¿Son tuyas las dificultades o son las dificultades que te han impuesto?

La sexualidad deberíamos vivirla con naturalidad, sin normas impuestas y buscar un orgasmo (si se desea, tampoco es obligatorio aunque nos hagan creer que sí) revolucionario. Cada día puede ser diferente, me pueden apetecer cosas diferentes o lo que me gusta un día no me gusta otro.

Un libro muy interesante que hace un recorrido histórico y cultural por la historia de la vulva y la sexualidad es el cómic de Liv Strömquist titulado El fruto prohibido que nos abrirá los ojos sobre la visión que se ha tenido de la mujer en el ámbito de la sexualidad.

Otro libro en formato cómic es Sex ¡oh! Mi revolución sexual de Lyona que habla del placer, del clítoris, de la menstruación, que intenta hacer ver lo absurdo (que dejan fuera del placer a las mujeres) de algunas prácticas sexuales (heterosexuales) cuando todo el sexo se reduce a eso.

Como siempre decimos, las lecturas nos dan una visión más amplia, nos permite conocer y acercarnos a otras formas de ver y estar en el mundo y, en este caso, de disfrutar la sexualidad sola o en compañía.

En conclusión:

  • Sé tu misma.

  • Conócete.

  • Si tienes pareja, comparte sensaciones, emociones, gustos, apetencias. El sexo hablado es muy importante y también es sexo.

  • Responsabílizate de tu placer.

  • Respeta tu cuerpo y tus necesidades.

  • Respeta quién crees que eres tú.

Otras lecturas:

El placer de María Hesse

Vagina de Naomi Wolf

Los monólogos de la vagina de Eve Ensler

Deseo de Sylvia de Béjar

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