De libros y de Tinder

Lo cierto es que se me hace raro escribir las palabras “Tinder” y “Libros” en una misma frase. Oxímoron, incompatibilidad, antagonismo, ciencia ficción. Todo eso me pasa por la cabeza y, sin embargo, de ello, he parido este post.

Me creé una cuenta en Tinder con el mismo propósito que la mayoría de personas que se apuntan a una red social de este tipo (supongo) puesto que lamentablemente, entre el capitalismo (oh, si Tinder forma parte del capitalismo con el consumo de cuerpos y relaciones), el individualismo, las prisas, la insatisfacción (producida por el capitalismo) y el Covid está difícil conocer personas de manera presencial. Lo hice a pesar de haber leído El algoritmo del amor de Judith Deportail y Love me Tinder de Nuria Gomez y Estela Ortiz. Ambos ensayos me servían para confirmar algunas cosillas y descubrir otras tantas sobre lo que esconde esta aparentemente inocente App. Pero revisar y visibilizar el machismo en Tinder merecería un artículo entero.

Las estadísticas dicen que los hombres leen mucho menos que las mujeres, 56 % frente a 68,3% en 2019. Más de un 30 % de la población en España no lee nunca un libro. ¿Es, por tanto, fácil encontrar un hombre en Tinder que lea? Creo que no es necesario que os dé la respuesta amigas lectoras, vosotras lo sabéis.

Por otro lado, sin ser mi fuerte ligar, ni en la vida presencial ni en la vida online, decidí embarcarme en esta aventura virtual que me haría salir de mi zona de confort.  Tras admitirme a mí misma e intentar no autoengañarme, de que no daría apenas con hombres lectores, y que sería como intentar encontrar una trucha en un olivo, estaba abierta a otras posibilidades. Pero han sido muchas las ocasiones de frustraciones y de sentirme en un plaza de toros intentando conocer a alguien por lo que muchas veces pensé en abandonar la app. Por este, y otros motivos más relevantes si caben.

Pero cuál fue mi sorpresa descubrir que se me daba estupendamente recomendar libros, que la recomendación surgía de forma espontánea o sutil y lo que es mejor aún, mis potenciales, ¿cómo se dice? ¿crushes? compraban el libro y, lo que es más importante, lo leían.

Como diría mi amiga Nuri, podría sembrar la revolución (lectora y feminista) en Tinder. Eché cuentas y en los últimos meses los cuatro hombres con los que más había interactuado, habían comprado el libro del que yo les había hablado por lo que es posible, que se pudiera estar forjando en un entorno tan poco propicio para ello, un futuro ávido lector. Lectores que además leían libros escritos por mujeres y que podrían ser la simiente del fin de Los hombres que no leen a las mujeres.

Os comparto esas lecturas, diversas y variadas, y todas ellas  muy interesantes:

El actor de teatro se enganchó con Deseo de ser punk de Belén Gopegui.

El librero (que ya leía y menos mal), aceptó de una humilde servidora La azotea de Fernanda Trías.

El espiritual, no le hizo ascos a comenzar el año explorando momentos meditativos y de reflexión a través de Haru: cada día es una vida entera de Flavia Company.

El artista comenzó a potenciar su creatividad con Darte de comer con el plato vacío de Inma Haro.

¿Sería yo candidata a obtener un premio por la mejor campaña de Fomento de la Lectura?

Mientras aumenta el ratio de lectores en Tinder, veremos cómo evoluciona mi vida amorosa y sexual.

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